Por Beatriz Yudich Barra Ortiz
A propósito de la reciente aprobación y publicación en el Diario Oficial de Chile de la Ley 21.675, que establece medidas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en contra de las mujeres en razón de su género, se ha dado un paso significativo, pero aún insuficiente, para garantizar una vida libre de violencia patriarcal a las niñas y mujeres cis y trans que habitamos en el país.
Esta ley obedece a los compromisos internacionales asumidos por Chile en el ámbito de Derechos Humanos, especialmente en relación con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) (1979) y la Convención de Belém do Pará (1993). Estos compromisos son fundamentales para avanzar en la estrategia de transversalización de género en los estados modernos patriarcales, una política promovida por los feminismos institucionales desde hace al menos cuatro décadas.
Por eso, en este texto, quisiera plantear, sin entrar en esta oportunidad en una discusión histórica profunda y extensa, la insistencia de los feminismos del Abya Yala por no abandonar ni descuidar, pese a la creación de políticas de género, la organización autónoma de las niñas, jóvenes, mujeres y de las comunidades comprometidas con las luchas por la despatriarcalización para alcanzar sociedades y culturas cuestionadoras de violencias machistas y sexistas.
Para Rita Segato (2003), la violencia de género es una estructura de dominación que se manifiesta de manera continua a lo largo del ciclo de la vida de niñas y mujeres, produciéndose y reproduciéndose en las rutinas, las costumbres, en la moral y en la idea de “normalidad”, arraigadas en la vida comunitaria y familiar de todos los pueblos del mundo. La violencia contra las mujeres se configura como aquellas prácticas funcionales que sirven para mantener el orden y perpetuar la subordinación y desvalorización de lo “femenino” frente a lo “masculino”, por lo tanto, es de tipo estructural y opera como un mecanismo de poder y control difícil de desmantelar solamente desde la legalidad e institucionalidad de género.
Para las feministas comunitarias territoriales, la violencia machista y racista proviene del “entronque patriarcal”, considerado “el sistema de todas las opresiones, todas las explotaciones, todas las violencias y discriminaciones que vive toda la humanidad: mujeres, hombres y personas intersexuales, y la naturaleza, como un sistema históricamente construido sobre el cuerpo sexuado de las mujeres” (Cabnal, 2010).
Adriana Guzmán, de los feminismos comunitarios antipatriarcales de Bolivia, en su texto “Descolonizar la memoria. Descolonizar feminismos”, plantea que es fundamental trabajar en las comunidades el reconocimiento de la historia propia y de los contextos políticos, culturales y económicos que provocaron el quiebre de los tejidos comunitarios, para entender las raíces y la perpetuación de las violencias patriarcales y coloniales hasta la actualidad. Una de las estrategias que propone es descolonizar los feminismos, “recuperando la sabiduría de nuestro pueblo y de nuestras ancestras, que han luchado por otro mundo, sin explotación y sin violencia” (2019:30). El propósito es valorar las memorias de las resistencias y de las mujeres que fueron parte de estas luchas contra las violencias heteropatriarcales y coloniales en nuestros territorios y comunidades, fundamentales para la acción colectiva antipatriarcal del presente.
Por otro lado, Lorena Cabnal (2019) propone que niñas y mujeres se autoconvoquen en sus propias comunidades para enfrentar en autonomía la violencia patriarcal y colonial, impulsando encuentros de saberes, memorias y resistencias que permitan tejer acuerpamientos. Esta estrategia individual y colectiva tiene un potencial político situado que subyace en las redes de resistencia construidas desde el activismo cuerpo a cuerpo en contextos de violencias estructurales. Desde sus experiencias en los feminismos comunitarios territoriales, el acuerpamiento «genera energías afectivas y espirituales, y nos provee cercanía, indignación colectiva, pero también revitalización y nuevas fuerzas para recuperar la alegría sin perder la indignación”.
Situándonos desde los feminismos comunitarios, podemos fundamentar e impulsar la creación de propuestas autónomas y autogestionadas para sensibilizar, prevenir y abordar las violencias patriarcales y coloniales que continúan vigentes, se reactualizan e intensifican en todos los espacios de las sociedades del mundo, pero sobre todo en América Latina y el Caribe. En ese sentido, y pensando en los feminismos como una rebeldía, propongo algunas estrategias para que juntas activemos contra la violencia patriarcal contra niñas y mujeres en nuestros territorios:
Construir organización y encuentros entre niñas y mujeres del territorio para “acuerparse”, contenerse, llorar, desahogarse, celebrar y expresar en nuestro propio lenguaje y, también, tratarse con ternura, apoyarse mutuamente y autoformarse en feminismos comunitarios y decoloniales de Abya Yala, así como en estrategias de sensibilización y prevención de las violencias patriarcales y coloniales permanentemente y sobre poniendo en valor las experiencias locales. Lo único que necesitamos para trenzar esta política feminista es generar una invitación a las vecinas interesadas, buscar un lugar, fijar un día y hora, pensar qué alimentos saludables podemos compartir y, cuando nos encontremos, conversar sobre lo que nos pasa, qué sentimos y cómo podemos acuerparnos en nuestro territorio. Una sugerencia es no olvidar a las madres y sus niñas, niños y niñes, ni tampoco a las compañeras que cuidan a una persona enferma, adulta mayor o que necesita cuidados permanentes. Entre todas nos cuidamos y urdimos espacios que nos alberguen sin excluir a otras.
Convocar a espacios autoformativos basados en las pedagogías feministas y decoloniales para problematizar y reflexionar qué significa ser mujer y cuáles son los ideales y sueños que tenemos para nosotras y nuestras comunidades, pensar cómo podemos poner en práctica el autocuidado y la sanación de nuestros dolores, el autoconocimiento, las relaciones históricas entre mujeres, reconocer las fortalezas y resistencias de nuestras abuelas, madres y ancestras, entendiendo cómo vivieron, qué les enseñaron y cuáles fueron sus realidades, cómo les afectó el patriarcado en su vida cotidiana y qué hicieron para habitar este mundo. Sanar las heridas de la violencia histórica patriarcal y colonial sobre nuestras cuerpas-territorios, como por ejemplo, las que guardamos en silencio de nuestros partos y nuestras trayectorias y decisiones sexuales; reconstruir la historia personal y de las mujeres y luchadoras del entorno, y participar colectiva y activamente en las protestas que tengan como fin denunciar y transformar la vida de las niñas y mujeres y de los territorios que también son violentados por el capital extractivista. No volvernos indiferentes, pero siempre cuidando nuestra energía vital y siendo consciente de lo que podemos aportar.
Establecer vínculos y redes permanentes con organizaciones sociales, comunitarias, colectivas, agrupaciones y asambleas autónomas de mujeres y feministas, con profesoras de colegios, educadoras de jardines infantiles o funcionarias de los centro de salud del territorio, con el objetivo de tejer alianzas en base al conocimiento, la confianza, el cariño y el respeto mutuo para diseñar y poner en práctica la sensibilización, prevención y fortalecer la visión de construir territorios sin violencias estructurales y de ningún tipo a partir de la promoción del “buen vivir” antipatriarcal, sin dar cabida a las políticas y lenguajes punitivos y revictimizantes.
Planificar estas estrategias de manera participativa, valorando los aportes, saberes y experiencias de cada una, dividiendo el trabajo de manera equitativa para no sobrecargar a unas más que a otras y construir liderazgos horizontales que no separen la “razón” del “sentir” ni del “pensar” y “hacer”. Todas podemos manifestarnos a través de las expresiones que más nos gusten y acomoden, no solo a través de la palabra y la escritura.
En síntesis
La aprobación de la Ley 21.675 puede ser entendida como un marco legal integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género en Chile que en sí mismo parece progresista y de avanzada, pero es parte de una estrategia convencional de los feminismos institucionales, es decir, existen demostraciones de las limitantes y trampas que podemos recuperar para siempre sospechar del estado patriarcal. Por eso, nuestros activismos feministas no pueden limitarse a la creación y aprobación de leyes y políticas de género, sino que deben orientarse a cambiar los cimientos y ordenes familiares, sociales, culturales y económicos que producen y reproducen las violencias patriarcales.
La organización autónoma es clave para construir alternativas reales y sostenibles para una vida cotidiana libre de violencias para niñas y mujeres y, por sobre todo, debemos apuntar a reconstruir con convicción, paciencia y políticas feministas y en “femenino”, los vínculos entre mujeres, pero también los comunitarios, sin romantizarlos para que sanemos individual y colectivamente, construyamos agencias colectivas contra la violencia machista y sexista y la enfrentemos con prácticas de justicia restaurativa y no punitiva.
Referencias:
- Cabnal, L. (2019). Recupero la alegría sin perder la indignación, como un acto emancipatorio y vital. Recuperado de: https://www.pikaramagazine.com/2019/11/lorena-cabnal-recupero-la-alegria-sin-perder-la-indignacion-como-un-acto-emancipatorio-y-vital/
- Cabnal, L. (2010). Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala. En: Feminismos diversos: el feminismo comunitario. Recuperado de: https://porunavidavivible.files.wordpress.com/2012/09/feminismos-comunitario-lorena-cabnal.pdf
- Guzmán, A. (2019). Descolonizar la memoria. Descolonizar feminismos. Editorial: Tarpuna Muya Feminismo Comunitario Antipatriarcal: Bolivia.
- R. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: contrato y status en la etiología de la violencia. Brasilia: Serie Antropología.
- Segato, R. (2018). La guerra contra las mujeres. Buenos Aires Argentina: Prometeo Libros.

