Entre sus principales medidas se encuentran la reducción gradual del impuesto a las grandes empresas del 27 % al 23 %, la reintegración del sistema tributario, la creación de regímenes de invariabilidad para inversiones millonarias y el establecimiento de compensaciones para empresas cuyos proyectos pierdan su autorización ambiental mediante Resoluciones de Calificación Ambiental (RCA).
Mientras estos privilegios se presentan como incentivos al crecimiento, incluso el Consejo Fiscal Autónomo (CFA) ha advertido que el proyecto mantendría déficits fiscales, al menos, hasta 2031 y que sus beneficios dependen de ingresos futuros inciertos. La riqueza privada queda protegida, mientras el costo social y ambiental vuelve a recaer sobre las mayorías.
Desde una perspectiva feminista, anticapitalista y decolonial, esta megarreforma profundiza un orden que expande la libertad del capital y restringe las condiciones materiales para sostener la vida. La disminución de los ingresos públicos amenaza el financiamiento, ya débil y precario, de la salud, la educación, la vivienda, las políticas de género y los sistemas de cuidado, trasladando nuevamente esas responsabilidades hacia los hogares y, dentro de ellos, hacia las mujeres y las comunidades precarizadas. Al mismo tiempo, la flexibilización ambiental favorece la apropiación empresarial de territorios históricamente expuestos al extractivismo, incluidos los territorios originarios, rurales y populares.
En esta misma ofensiva se inscribe el proyecto “Escucha su corazón”, que propone modificar el Código Sanitario para obligar al personal médico a informar sobre la actividad cardíaca embrionaria o fetal y obligar a la mujer a escucharla antes de una interrupción legal del embarazo, derecho que en Chile se encuentra limitado a tres causales. El proyecto establece que, cuando la mujer decline ese ofrecimiento, el médico deberá negarse a realizar la prestación.
Bajo el lenguaje aparentemente neutral del consentimiento informado, se pretende instalar una práctica de coerción emocional que puede revictimizar a mujeres, niñas y personas gestantes que enfrentan un embarazo producto de una violación, una inviabilidad fetal letal o un riesgo para su propia vida. Condicionar el acceso a un derecho reproductivo a la aceptación de un ritual culpabilizador forma parte de una trama de violencia obstétrica, de género y de clase.
Ambas iniciativas expresan una misma racionalidad política, es decir, impulsar la autonomía para las empresas y tutela sobre las mujeres; garantías para la inversión y disciplinamiento de los cuerpos; privatización de la riqueza y socialización de la crueldad. Frente a este proyecto autoritario, afirmamos la necesidad de construir una política feminista anticapitalista y decolonial que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida, los cuidados, la autonomía reproductiva y la defensa de los cuerpos-territorios.
Como Museo de las Mujeres – Chile, rechazamos tajamente la megarreforma y exigimos el retiro inmediato del proyecto “Escucha su corazón”, porque nuestros derechos, decisiones y vidas no pueden quedar subordinados a los intereses del capital ni al mandato moral heteropatriarcal de las derechas ultraconservadoras.

