CONFERENCIA DE CIERRE
X JORNADAS ARTIVISMOS FEMINISTAS DESCOLONIALES
Universidad Nacional de San Martín – Buenos Aires –Argentina
3 a 5 Diciembre 2025

“DESCOLONIZAR EL MIEDO, POSICIONAR SUBJETIVIDADES POLÍTICAS DESDE
LAS IRREVERENCIAS Y LAS RESISTENCIAS FEMINISTAS”

Dra. María Teresa Fuentes – Museo de las Mujeres, Chile.

Muy buenas tardes.

Saludo con gratitud a todas las personas que han querido estar aquí para
acompañarnos ya hacia el cierre de estas enriquecedoras jornadas. Agradezco
especialmente a Karina Bidaseca y a todo el equipo organizador por la distinción
– y por el riesgo que han corrido – de confiarme una de las conferencias de
cierre. De verdad me honra, aunque no sé qué pueda yo decir que ustedes ya no
sepan, incluso mejor y más acabadamente.

Hablaré intentando recuperar desde las Humanidades, el habla mezclada y no
disciplinada de los lenguajes poéticos. Esa que casi perdimos bajo el yugo
autoritario de las academias patriarcales.

Creo que estoy aquí sólo porque amo dis-senti-conocer y necesito buscar otras
formas de enfocar, vivenciar y expresar el habitar el mundo, en todas esas
innumerables formas en que es posible hacerlo. Provengo de un territorio que es
más bien un borde continental accidentado y de múltiples rostros, de cortes
abruptos y siempre fisurado geográfica y geopolíticamente, fragmentado,
erosionado, quebrado, informe y, aun así, reconocible como silueta y como voz.

Sin ser tan mayor, ya tengo en el cuerpo y en la memoria emocional profunda,
hechos extraordinarios de impacto permanente: dos de los mayores terremotos
de la historia registrada – con sus respectivos tsunamis -; una dictadura militar y
civil larga y ensañada con un experimental e irrefrenable cerco económico que
consolidó un claustrofóbico infierno neoliberal; una insurrección estudiantil
feminista nacional ¡¡fascinante!! y tan mal leída, tan maltratada; una increíble
revuelta social lúcida y épica, apagada una vez más con una patética y virulenta
traición.

¿Cómo fue que sobrevivimos? ¿Cómo es que estamos aquí? Yo, como muchas otras
ahora y antes, por mis linajes y ruedos de mujeres silenciosas y de miradas
profundas. No siempre nos amamos ni siempre nos comprendimos, pero nos
manteníamos leales a ese reconocimiento mutuo que nos contenía, compartiendo
hablas y silencios; la palabra como hechizo y la lectura como resistencia.

El título que propuse para esta intervención me parecía estratosféricamente
pretencioso y hasta discordante, pero me maravilló comprobar en estas Jornadas
que expresa en condensada síntesis todas las historias y las experiencias vitales y
comunitarias que compartimos estos días. Alude a una situación desde donde
pareciera muy difícil posicionar una voz política, colectiva, en un contexto de
poderes basados en el control mediante el miedo, la obnubilación; la
manipulación de la credibilidad. Pues bien, en realidad, ya lo hemos hecho
antes.

Hemos compartido en estos entrañables días experiencias profundamente críticas
de la Colonización y la perdurable Colonialidad que hemos sufrido en nuestra
historia continental; también del impacto brutal de los Neocolonialismos que
enfrentamos hoy, aquí y en la dimensión global. Con sus aparatos de dominación
con fines meramente económicos enmascarados como “civilizatorios”, que se
fortalecen, se hacen digeribles y se legitiman mediante estrategias de control de
tipo ideológicas y teo-ideológicas. Sí, teo-ideológicas, incluso hoy.

Dicho de manera muy sintética y simple:

El Neolonialismo arremete intentando sostener estructuras e instituciones
moderno-coloniales androeurocéntricas, racializantes y generizantes,
deshumanizantes, extractivistas – extensión de un dominio mundial desde
Occidente.

También mediante el dominio político, bélico y económico a escala global y esta
vez de forma descarada y grotescamente exhibicionista; controlando
tecnologías de des-información e in-comunicación forzando incluso sus propias
instituciones básicas, para imponer prácticas de relacionamiento, o no relación,
intentando recuperar flujos de su control global de los recursos naturales y
financieros.

En este empeño, el miedo es el arma favorita y más eficaz de todo poder tiránico
e ilegítimo, porque logra que los sujetos dominados acepten y hasta deseen la
subyugación.

Si el Colonialismo enarbolaba su cruzada de civilización contra la barbarie
disfrazando su iniquidad segregacionista como Voluntad de Dios y Verdad Eterna
e Inmutable, esencialista. El Neocolonialismo apela a una sardónica mímesis de
la Libertad y la Seguridad [Nacional] frente a sus propias lacras derivadas de sus
inequidades mercantiles: Su paradójica amenaza declarada es la corrupción, la
delincuencia, los cárteles narcotraficantes. Y por si fuera poca ironía, su
depredación de los territorios ajenos y sus deshumanizaciones se cubren como
defensa de “lo valórico”. Y de nuevo escuchamos la retahila esencialista de las
Identidades y del orden natural del mundo y de los seres. [Cual neoescolástica
jerarquía de los seres].

Con el sustrato de siglos de colonización y colonialidad, hoy los discursos públicos
elaboran una retórica de la difamación, de la trivialización, la
sobresimplificación, la distorsión, que no es difícil de identificar ¡es tan obvio!.
La pregunta es ¿por qué han tenido tanta adhesión de los pueblos L.A. aun en
contra de sus propias realidades y necesidades?

¿Qué regresiones son estas?

Se han filtrado diversos agentes políticos, muchos de ellos con apariencia de
acompañantes religiosos, en los niveles micro de interrelación social – como
cucarachas que asoman de pronto por las rendijas del piso y paredes -, que
vienen a reforzar ideas conservadoras de la familia, de las identidades, de las
sexualidades, del rol de las instituciones. Mensajes que convergen en mántricos
eslóganes como:

“Hagamos a América/Argentina grande otra vez”.
O: “Amar es servir”.
Se re-educa con conferencias y talleres del tenor de:
“¿Cómo sacar a tu hija del feminismo?”

(Conferencia Internacional en Santiago, Chile, 5 abril 2025. Panelistas: Emmanuel Danann
(Argentina), Sara Huff (Brasil) y Vanessa Kaiser (Chile).

No obstante, la proliferación, la emergencia y extensión de las extremas
derechas no es endosable a los movimientos y activismos feministas. A lo más – y
guardando respetuosamente las distancias -, nos pone en una situación análoga a
la de persecución de las brujas y hechiceras: la de chivos expiatorios. Un blanco
visible, reconocible, fácilmente identificable como encarnación del Mal y la
amenaza de destrucción de la “sociedad valórica” toda. Fácil, según parecen
estimar, de neutralizar, de acallar, de debilitar, de eliminar ¿Lo somos? No, no lo
somos.

Por oposición a su supuesta “agenda valórica” se nos demoniza, somos las
destructoras de la familia, sexualizadoras y pervertidoras de niñeces y
juventudes; no adoramos nada sagrado (ni Dios, ni Ley, ni Patria); somos
indóciles a los mandatos Humanos y de la Naturaleza.

Se nos demoniza también – entre muchos otros factores -, porque somos
temibles, hemos manifestado nuestra lucidez y nuestra fuerza irrumpiendo
masivamente en calles y plazas de todos nuestros países y muchos otros a lo
extenso del planeta.

Para un sectarismo global somos una amenaza global.

Hemos tenido una voz propia; lo que al parecer no tenemos tanto, es un espacio
propio, salvo las calles: no nos sentimos cómodas en las instituciones modernas
liberales, neoliberales, llámense Estado, Iglesia, Escuela, Empresa, amor
romántico… matrimonio, familia nuclear y hetero, maternidad reproductiva …

Hemos cometido errores como movimiento social, cultural, político – qué duda
cabe -, pero no estamos equivocadas.

En el vuelo de nuestros sueños que iban concretándose, creímos que esta vez sí
habíamos logrado cruzar un punto a partir del cual ya no habría vuelta atrás.
Pero nuestra entrañable Simone tenía razón:

“No olvides que una crisis política, económica o religiosa, será
suficiente para que los derechos de las mujeres sean cuestionados”.

Confiamos en la Ley, poniendo entre paréntesis que los legisladores son
mayoritariamente hombres. Confiamos en el Estado, o al menos le dimos el
beneficio de la duda – quizás fuera el mejor mediador – olvidando que el Estado
Moderno es patriarcal y colonialista. Confiamos en el sentido común humano,
olvidando que el sentido común es el menos común de los sentidos. En la
Justicia, eso sí, ¡nunca confiamos!. Y quizás no desconfiamos lo suficiente de la
democracia liberal, supuestamente representativa. El “juego político”, como se
dice en mi país consiste en que los que ganan pierden, y ganan siempre los de
siempre. ¿Tendríamos que haber pateado el tablero más bien?

Pero en esas crisis, allí precisamente, es donde las mujeres a lo largo de la
historia hemos sostenido las resistencias y hemos reconstituido tramas de comúnunión.

Menciono algunas: En una de las instancias plenarias de este Congreso y
Jornadas, reconocimos potentes y diversas trayectorias que han sido parte de los
itinerarios que hemos recorrido, tales como Dora, Estela. Me conmovió tan
profundamente la dulzura que irradiaba Tilda pese al horror genocida del que se
ha hecho cargo, o la serenidad de Miriam en su titánica reivindicación de la
dignidad afrodescendiente.

También vivenciamos la confianza de los numerosos espacios que propiciamos,
donde pudimos emocionarnos – incluso llorar las que nunca lloramos – y dejarnos
sostener por el cuerpo de compañeras desconocidas hacía pocos minutos atrás,
con el puente tendido por lo sensorial, lo cinestésico, los ritmos del hacer, del
hacer juntas y con placer, escuchándonos. Conteniéndonos en un presente
profundo que convocaba nuestras antiguas genealogías femenino-feministas.

Y sí, nos apoyamos y fortalecemos en nuestra historia de resistencias y crítica, de
osadía y determinación. En las certezas que nos asisten de procesar y asumir
responsablemente nuestras propias experiencias colectivas. Obtendremos pistas y
claves de nuestras memorias de luchas, de nuestras prácticas y estrategias
políticas de intervención y asociatividad, de expresiones estéticas de
transformación. La memoria misma es nuestro mayor recurso estratégico, que
historiza, actualiza y vigoriza nuestros movimientos. Nuestra construcción de
conocimientos, nuestra capacidad de análisis e interpretación diversa y
dinámica.

Historicidad, Movimiento, Diversidad, son nuestras fuerzas, no nuestras
debilidades.

Sabemos que lo Uno y lo Mismo constituyen la inamovilidad, la petrificación: Pero
nosotras, nosotres, no somos definibles, no defendemos Una Identidad.

Hemos sufrido derrotas políticas amargas a lo largo de la historia, pero esta no es
una de ellas y menos la definitiva; esta no será la que nos acalle sino la que
renueve nuestro grito. Es la que precisamente demuestra lo certeras, necesarias,
potentes y válidas que son nuestras luchas y nuestras solidaridades, conflictos,
pensamientos, deseos y sueños.

En lo macro resalta una batalla de poder bélico; pero bajo su superficie está la
batalla decisiva que los Imperios ya identificaron: la batalla cultural, la que va
unida a la construcción de subjetividades y comunidades.
Y en ese plano las posibilidades de contestarla y de trabajarla, creo, son los
espacios de micropolítica.

Necesitamos perfilar una estrategia para manejar esos discursos que ingresan
desde RRSS directo a las neuronas por medio de dispositivos conectados 24/7. Las
habilidades de las generaciones nuevas son fundamentales aquí, “Creemos en el
poder de las palabras para mezclarse con el cuerpo y las emociones ajenas. Pero
creer en las palabras también es saber sobre su límite y de los territorios que las
colinda”. (Natalia Ortiz Maldonado en su Prólogo a La brujería capitalista (2017) de Isabelle
Stengers y Phillippe Pignarre)

Desde nuestros recorridos colectivos – y aún en lo cotidiano – tenemos la
capacidad probada y el arte magistral de los códigos para desmantelar los
discursos y las retóricas de tergiversación, banalización, hipersimplificación o
hiperbolización torcida de lo que decimos y hacemos.

Podemos ser irreverentes ejerciendo nuestro poder interpretativo, [en realidad
no podemos evitarlo].

Tenemos también nuestra desatada creatividad. Para deshilachar esa Voz Única
altisonante e insolente dispuesta a exterminarnos a todos los Otros y todas las
Otras y Otres para ser la única que se escuche.

Y, sobre todo, reconstituyamos nuestros lazos. vínculos, formas de
relacionamiento y sigamos agrupándonos. Estamos tan agradecidas a quienes han
organizado este Congreso y las Jornadas perseverando en mantener este espacio
de encuentro latinoamericano, aún contra todo bloqueo y abandono.

Casi en la intemperie estos espacios son más necesarios que nunca. Para seguir,
como decía ayer la joven Arantxa pariendo redes, como las arañas tejedoras que
desde/con sus cuerpos tienden largos y fuertes lazos no letales sino
imprescindibles de contacto y contención de nuestras vidas. Redes concéntricas y
a la vez transfronterizas.

En esos nudos de la arácnica red nos encontramos en las encrucijadas de nuestras
heridas coloniales de subalternización, generización, racialización, segregación
por exclusiones y grados de privilegios. Esos cruces, o más bien nudos, de
reconocimiento en la re-existencia tensa y conflictiva, pero convergente, nos
señalan desde donde constituir nuestros posicionamientos políticos colectivos.
Esos lugares desde donde surgen nuestras voces re-unidas en sus diferencias.

No hay nada más político que ejercer el poder de nombrar:

Amo este Recado de nuestra poeta Gabriela Mistral (1924):

… tú me nombrabas las cosas de la tierra … como para domiciliar a tu
hija en el mundo […] no hay palabrita nombradora de las criaturas que
yo no aprendiera de ti. Las maestras sólo usaron después de los
nombres hermosos que tú ya habías entregado.

Ese saber los nombres de las criaturas y de nuestras experiencias, desde el seno
de nuestras madres, biológicas o simbólicas, antes de los disciplinamientos
escolares.

Sigamos llamando a las cosas como sabemos que se llaman en esa experiencia;
ese nombrar que compartimos con nuestras ancestras y antecesoras, y con
nuestras comunidades:

No es sequía; es saqueo.
No es pobreza; es depredación.
No es amor; es servidumbre.
No es depresión; es rebeldía.
No son desastres naturales, son extractivismos salvajes.
No son guerras, son genocidios.
No es libertad, es privatización.
No somos las Otras de nadie. Somos NOSOTRAS.
Nosotres y todo todos los que amamos, Nosotras las que parimos vida e ideas,
transformaciones y las que nos hemos parido unas a otras desde siempre en una
sucesión sin fin.

NO NOS SOLTEMOS NUNCA.