Por María Teresa Fuentes Aedo

Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Concepción, investigadora en áreas de creación literaria e historia de las mujeres en América Latina desde enfoques feminista y decolonial. Fundadora del Museo de las Mujeres – Chile.

El buzón de las impuras (2024) de Francisca Solar, es una novela que recrea ficcionalmente el trágico incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús ocurrida en Santiago de Chile el 8 de diciembre de 1863, en el que murieron más de 2.000 personas, la gran mayoría mujeres, devotas de la Virgen y vinculadas a la asociación piadosa Hijas de María. Solar presenta su reescritura como homenaje a estas mujeres, cuya perspectiva no fue considerada en ninguna de las crónicas transmitidas acerca de esta terrible catástrofe. Imaginar un relato desde ellas mismas, escuchar sus voces omitidas y “llenar” los vacíos de la historia, que en general omite grupos marginalizados y espacios domésticos, es un interés que Solar comparte con las nuevas narrativas históricas.

El trauma colectivo que significó el incendio de la Iglesia de la Compañía, alimenta en su momento una discusión de fondo sobre la comprensión de los límites de lo público/lo privado y la posición que tenía en ello la religiosidad, en particular la religiosidad femenina. La ausencia/presencia de la voz de las mujeres en el debate y en los discursos públicos – difundidos en la época por medio de la prensa -, es también tema de fondo en lo histórico y en lo novelesco.

Basada en fuentes documentales del archivo nacional y diversa bibliografía para enlazar lo literario con lo histórico, Solar fundamenta la ficcionalización de hechos y contextos atendiendo mayormente al impacto que tuvo la tragedia en la subjetividad de las mujeres, en la vida personal y familiar de sus protagonistas, más que a su conocido impacto en el plano de lo social y lo político.

El buzón de las impuras muestra las formas de subordinación y violencias ejercidas sobre generaciones de mujeres desde las instituciones tradicionales y las moderno-republicanas, como la Iglesia, la Familia, la Educación, el Estado. En particular mediante la imposición del ideal mariano desde lo religioso y/o de la reformulación racional de aquellas mismas virtudes de abnegación maternal y conyugal, custodia de la moralidad doméstica, como rol social de las mujeres en la república.

La novela se mantiene siempre enfocada en integrantes de la elite e imagina una liberación de las ataduras del género para las mujeres, mediante el ejercicio de la intelectualidad, la palabra propia, la escritura crítica, una voz pública opinante y disidente, una asociatividad femenina independiente que tardará mucho todavía en realizarse.

Quedan abiertas interrogantes sobre los otros espacios, otras voces, organización y demandas de otros grupos igualmente marginalizados o simplemente excluidos: sirvientes, mujeres pobres, infancias, obreras, migrantes campo ciudad, etc. ¿Cómo podríamos ficcionalizar su situación, su rol como soportes de la estructura social, económica, política regentada por la elite, sus posibilidades de incidencia sobre aquel orden republicano elevado a máximo valor? De poder imaginar sus voces en el relato de la historia ¿qué escucharíamos?

Paralelamente, la novela enfrenta el enorme desafío planteado a la reescritura histórica que intenta urdir narrativas transformadoras: ¿hasta qué punto es posible socavar las lógicas del relato hegemónico, reductor de la complejidad de las relaciones de poder, perfilando personajes unidimensionales enfrentados en la polaridad buenos/malos, héroes/villanos? ¿cómo superar las lógicas del discurso de género dominante manteniendo claves del romanticismo decimonónico para hilar el eje narrativo del relato? ¿se podría resolver discursivamente los enmarañados conflictos sociales instituidos por un orden patriarcal y clasista sin desbrozar las jerarquías internas al grupo de las mujeres y exaltando la mirada maternalista de la heroína de elite sobre las otras?

Aún recuperando imaginariamente las voces de las mujeres, es ardua tarea poner en jaque el orden discursivo que ha regido tanto la construcción de subjetividades generizadas como la organización política de una sociedad.

El buzón de las impuras enfrenta tales desafíos, su lectura atrapa en un relato bien narrado en la misma medida en que evidencia las espinosas e irresueltas tensiones que entraña la reconstrucción de la historia para la creación ese espacio social liberador que querríamos compartir.

 

 

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