Todas locas, todas vivas, todas libres«: Lesbianas chilenas 1980-1995

Artículo escrito en inglés por Consuelo Rivera publicado en el libro Amazon to Zami: Towards a Global Lesbian Feminism (Sexual Politics) editado por Monika Reinfelder. Traducción al español por su misma autora.

Dedico este artículo a todas mis anónimas hermanas Lesbianas del LEA, cuyos nombres no menciono por su seguridad personal, en especial a la Jade latina de mis húmedos sueños Lesbianos, a Leyla, Alejandra, Micky, Ivonne y Pecosa.

Cuando me pidieron que escribiera sobre la historia de organizaciones Lesbianas chilenas acepté por dos razones: primero, porque no sé de ninguna publicación escrita sobre este movimiento en inglés y segundo, porque como Lesbiana pública y orgullosa deseo contribuir a la creciente visibilidad y consiguiente reconocimiento de nuestros derechos humanos y Lesbianos, en Chile. Todavía nos queda un largo camino por recorrer en esa dirección y para lograr el éxito debemos involucrarnos activamente para hacer de esta esperanza una realidad; necesitamos ser activistas de nuestros sueños y palabras, activistas de nuestras vidas e historias.

La gente que participa en la organización de grupos activistas considerados marginales y a menudo subversivos, está generalmente más preocupada de resolver los muchos e inmediatos problemas que el establecer tales grupos trae consigo, que en considerar los beneficios de escribir un diario para relatar la historia del grupo. Cuando estos grupos marginales (las Lesbianas organizadas estarían en esta categoría) se dan cuenta de la importancia de hablar por ellos mismos, y se dedican a escribir sus experiencias; sus narraciones son completamente negadas (sino ridiculizadas) por los medios de comunicación y publicaciones oficiales.  Estos medios son los instrumentos principales, y algunos dirían los más efectivos, en la construcción de ideologías sexistas, heterosexuales, militaristas y racistas.

He vivido fuera de Chile durante tres años al momento de escribir este artículo, de modo que mi conocimiento del movimiento Lesbiano en la actualidad está limitado a lo que algunas amigas me cuentan por teléfono o por cartas.  Es difícil empezar a escribir sobre la historia Lesbiana en Chile sin omitir involuntariamente algunos eventos y nombres que han sido claves en nuestro nacimiento, respiración, tejido y crecimiento en cuanto movimiento.  Es por esto que empezaré este capítulo con la narración de mi propia historia de re-conocimiento como Lesbiana que fue criada en un país con una «larga» historia de opresión y «estrechas» actitudes sociales hacia los conceptos de sexo y sexualidad.  Este proceso de re-conocimiento no es único, por el contrario, es muy similar al de otras mujeres que han crecido en el mismo país y tiempos, así que espero que mi narración dará una idea general de cómo nos empezamos a re-conocer y a sentir pasión por nosotras mismas y por otras lesbianas.

Continuaré el capítulo con la descripción del nacimiento y crecimiento de la primera organización Lesbiana públicamente conocida, aunque ignorada – Ayuquelén.  Esta sección es más bien una muy breve descripción de los problemas que Ayuquelén tuvo que enfrentar al salir a la luz pública como Lesbianas organizadas; breve, porque no me siento calificada para entrar en detalles ya que en el momento de su nacimiento yo estaba participando en una arena política diferente.  La narración más extensa que hago de la historia del LEA de Concepción se debe al hecho de haber sido una de las fundadoras y es, por lo tanto, la organización con la cual estoy más familiarizada.  Conocí a dos de las fundadoras de Ayuquelén de Santiago a través de la organización y desarrollo del LEA.  Los objetivos de ambos grupos difieren solamente en el papel y probablemente las únicas diferencias entre ellas fueron las razones iniciales de su fundación.

En la sección del LEA narro los orígenes del grupo y de cómo llegamos a re-definir nuestras identidades Lesbianas, lo que implicó una creciente conciencia de nosotras mismas en cuanto seres humanos que merecen nada más ni nada menos que el respeto por nuestro derecho Lesbiano a sentirnos locas de amor por cada una, a estar vivas y a tener la libertad de determinar el modo de amar y vivir que deseamos.  Finalmente, doy una visión limitada de la situación del grupo en estos momentos y concluyo con un mensaje a mis hermanas Lesbianas del LEA en el cual les pido que lesbianicen su relación con los partidos políticos convencionales para seguir estando ‘locas’ (1), vivas y libres.

Sueños Húmedos 

Mi primera fantasía Lesbiana, consciente y perturbadora, ocurrió más o menos a la edad de doce años.  La fantasía en cuestión incluía a la popular cantante Cecilia a quien admiraba no sólo por sus talentos musicales, sino que también porque en alguna parte alguien había echado a correr el rumor de que esta mujer era Lesbiana.  Yo no tenía una idea clara de lo que el término significaba o si los rumores eran verdaderos, pero de alguna manera sabía que era algo que secretamente me gustaba y temía al mismo tiempo a causa de los deseos sexuales que despertaba en mí.  Solía comprar todos sus discos, ir a sus recitales y luego experimentar los más perturbadores orgasmos mentales, a menudo húmedos que me demostraban que «mental» era sólo una metáfora para disfrazar un deseo sexual real y que me llenaba por completo.  Mi pieza estaba llena de sus posters e iba por mi vida adolescente imitando su voz y estilo en mis propias actuaciones en radios locales y en el colegio.  Esto era obviamente más que admiración hacia una cantante, y aún ahora con frecuencia me pregunto cómo es que mis padres parecían no notarlo.  ¿Era acaso porque había empezado a pololear?  A lo mejor, pero, aunque tuve varios pololos y más tarde me casé, estos sentimientos calificados como «desviados» nunca me abandonaron.  Solía enamorarme en secreto y desesperadamente de algunas de mis amigas y profesoras y más tarde, cuando empecé a tener relaciones sexuales con hombres, lograba tener orgasmos si me imaginaba los labios y cuerpo de una mujer tocando, lamiendo y oliendo mi piel.  Mi educación católica apostólica romana (2) me hacían sentir culpable, sucia y pecadora, a la vez que asustada todo el tiempo y trataba de reprimir la Lesbiana dentro de mí, trataba de engañarme a mí misma con el cuento de que pasaba por una fase, cuando en realidad era una Lesbiana que pasaba por heterosexual.

Nunca logré la supresión de mi identidad sexual y penosamente buscaba señas en otras mujeres para ver si ellas sufrían el mismo «problema».  Pero no tenía la valentía de preguntarles directamente si ellas también tenían tantas dudas sobre su sexualidad y si también lloraban lágrimas solitarias.  Aún más, en mis esfuerzos por esconder mis sentimientos «inmorales», me reía con los que contaban chistes sobre mariconas o tortilleras, como despectivamente se les dice a las Lesbianas en Chile.  Después, en el espacio casi seguro de mi pieza, castigaba mi cobardía golpeando mis puños violentamente en la pared; me castigaba a mí misma por no ser capaz de desafiar u oponerme a comentarios homofóbicos.  A veces me quedaba a dormir en casa de mis amigas y yacía despierta sin osar moverme un centímetro por temor a ser acusada de ser una niña sucia y degenerada.  Mis amigas, la mayoría mucho más jóvenes que yo, me han contado que ellas vivieron un proceso similar, aunque sus modelos fueron las cantantes argentinas Sandra Mihanovic y Celeste Carballo, que eran Lesbianas públicas a mediados de la década del 80. 

En 1973, un golpe militar sumergió a Chile en un baño de sangre y de desaparecidos durante 17 largos y opresivos años.  Inmediatamente después del shock inicial, las mujeres comenzaron a organizarse y a luchar junto a los hombres en un esfuerzo tremendo por hacer caer a la dictadura.  Yo me involucré en la lucha y por un tiempo no pensé en mi sexualidad; había tantas cosas que hacer, tantos compañeros y compañeras desaparecidas que encontrar que no tenía tiempo para encontrarme a mí misma, y estoy segura de que el mío no fue un caso aislado.  Pero de tiempo en tiempo, en medio de una reunión política o marcha, sentía la mirada o la mano de una mujer acariciando las mías de una manera «diferente».  De algún modo, muy dentro de mí, el instinto me decía que esta otra mujer sentía algo más que camaradería, que su suave contacto era en realidad un apasionado toque Lesbiano.  Sin embargo, siempre puse esos pensamientos y sentimientos de lado, ya sea por pura cobardía o por la convicción de que me estaba imaginando cosas.  ¿Qué tal si estaba confundiendo el mensaje?  ¡Así que siempre reaccionaba tocando, abrazando y besando a la otra mujer como lo haría con cualquiera otra compañera y seguía pasando por una mujer heterosexual «felizmente» casada a la vez que experimentaba los más perturbadores y deliciosamente húmedos sueños Lesbianos!

En 1983 conocí a la mujer que iba a cambiar mi vida.  Todavía la llamo «La Mujer Maravilla», porque fue ella quien me ayudó a transformar mis silenciosos sueños en amor Lesbiano concreto.  Por primera vez era capaz de reconocer que el amor y el deseo sexual por otra mujer eran hermosos y que no tenían nada que ver con el pecado o la culpa.  Debo decir que el abandono de mis creencias y actitudes religiosas me tomó tiempo y que el proceso no fue tan repentino como esta explosión de (re) conocimiento que llegó con mi primer orgasmo de mujer a mujer REAL.  La reconstrucción de mi identidad no fue una tarea fácil, pues tenía un hijo y cientos de siglos de opresión patriarcal mordiéndome los tobillos.  Ahora sabía que era Lesbiana y que no quería volver a tener «amores» sexuales con hombres, pero aún sentía la necesidad del apoyo ilusorio que la sociedad podía darme si me comportaba como una mujer «propiamente tal».

Pasó casi un año antes de abrirme a otras personas, casi todas amigas íntimas.  Sin embargo, lenta, pero seguramente el reconocimiento de mi misma recientemente adquirido me dio la fuerza y el coraje de afirmar mi derecho a vivir y amar como yo lo deseaba, con mi Lesbianismo siempre al centro y dándome una perspectiva y visión diferente hacia las otras partes de mi misma.  Mi identidad sexual hacía el amor a todas esas partes diferentes, lamiendo, mamando, acariciando y colándose a través y dentro de ellas.  Mi Lesbianismo le hacía el amor a mi nacionalidad y a mi maternidad; le hacía zancadillas a mi feminismo y a menudo me hacía caer en contradicciones, aún hoy en día.  Mi Lesbiana interna se hizo visible y tangible y se rehusaba, aún se rehúsa, a ser convertida en un objeto invisible de nuevo.  Es por eso que, por ejemplo, me auto declaro una Lesbiana feminista y no una feminista lesbiana.  En este punto, me rebelaré en contra del estilo académico que obliga a escribir sin salirse del argumento y me apartaré del tema para explicar mi elección. 

La palabra «lesbiana» puede ser un adjetivo o un sustantivo, dependiendo de su posición dentro de una frase u oración dada.  Tomemos, por ejemplo, la frase «feminista lesbiana».  El núcleo de la frase es el sustantivo «feminista» y la palabra que define este núcleo (pero que no es el centro) es el adjetivo «lesbiana».  En mi opinión, las mujeres que se identifican como feministas lesbianas en este contexto gramático-lingüístico estarían implicando que la parte más importante de su propia definición es su feminismo.  Un adjetivo, aun siendo determinativo, está siempre al margen, casi invisible, aunque no completamente.  Reconozco que el hecho de vivir en Inglaterra me convierte en una Lesbiana Latino Americana que escribe desde la marginalidad, ya que la sociedad me fuerza a esta posición marginal.  Sin embargo, afirmo mi derecho a estar al centro de mi propia definición.  Quiero que mi identidad sea más que un adjetivo en la periferia; quiero que sea -y socio/lingüísticamente la construyo como – sujeto (yo misma), verbo (activa/activando/activista) y como sustantivo (en el centro de mi misma) a la vez que como un adjetivo definido/determinativo.  Aunque mi elección es lingüística, también es una subversión política y es por eso que escribo Lesbiana con L mayúscula (3).

Después de esta necesaria digresión, y volviendo al tema de violación de los derechos humanos durante la dictadura en Chile, el gobierno militar también incluyó a Lesbianas y gays en sus sistemáticos asesinatos y torturas de todos aquéllos que estuvieran bajo la sospecha de subversión.  Los gays y Lesbianas somos considerados subversivos porque rehusamos aceptar que la familia nuclear convencional es la única alternativa; aún más, rechazamos la heterosexualidad en cuanto norma, aunque muchas de nosotras a causa de la religión, presiones familiares, pobreza y por la sociedad en general, practicamos la heterosexualidad, o en alguna época de nuestra vida hemos pasado como heterosexuales.  Es decir, hemos hecho creer a los demás que somos normales (vale decir seguimos una norma impuesta por la sociedad que deja afuera y desprecia a los que no se comportan de acuerdo a esa norma). Sin embargo, más temprano o más tarde, nuestra orientación sexual se filtra a la superficie.  Cuando esta salida a la superficie se lleva a cabo en un contexto dictatorial, muchos hombres y mujeres disidentes sexuales son asesinados o «desaparecidos», torturados y/o violados: los hombres por no ser machos y las Lesbianas por ser amachadas en los términos que dicta el discurso homofóbico -nunca ganamos, ¿verdad?  En Chile cuando los llamados «padres de la patria» violaban a los hombres gays, cubrían sus propios actos homosexuales matando, torturando o haciendo desaparecer a esos gays ultrajados.  Estos «valientes soldados y salvadores de la patria», nos acusaban de ser desviados cuando eran ellos mismos los degenerados.  Cuando violaban a Lesbianas era para castigarlas por haberse atrevido a transgredir los límites sexuales impuestos por ideologías heterosexuales y militaristas.  Muchas mujeres (Lesbianas y heterosexuales) que sobrevivieron fueron dejadas con «niños de la dictadura» eufemísticamente hablando y han tenido que aguantar la pregunta a menudo inocente, pero a veces ponzoñosa, ¿Cómo es que tienes un hijo cuando dices que eres Lesbiana?

Cuando estuve detenida por un breve tiempo en Concepción escuché otro ejemplo de ese frío y deliberado intento de borrar a mujeres «desviadas» y «subversivas» de nuestro país.  De acuerdo a algunos testimonios, cuando los «honorables soldados» en Temuco querían dar rienda suelta a sus diabólicas fantasías sexuales o simplemente reírse un poco, forzaban a perros, especialmente entrenados, a violar a las mujeres, especialmente a aquellas sospechosas de ser Lesbianas.

A pesar de estos asesinatos en masa, torturas y discriminación las Lesbianas y gays en Chile se las han arreglado para organizarse.  No se puede negar que hemos tenido problemas entre grupos y dentro de grupos, principalmente por «viajes de poder», pero ¿quiénes no tienen conflictos en sus historias?  Lo importante es que se han hecho varios intentos de organización y allá en Chile tanto Lesbianas como gays aún enfrentan la discriminación valientemente y están cada día más seguros de ellos mismos y de sus derechos. 

Ayuquelén

La colectiva Lésbica-feminista Ayuquelén empezó después de que una mujer Lesbiana fue muerta a patadas a principios de los años 80 por un hombre que le gritaba «¡Lesbiana de mierda!» en la Plaza Italia, un lugar en ese entonces conocido por ser el lugar de reunión de gente marginal, gays y Lesbianas, entre otros.  El grupo comenzó como una airada reacción a este asesinato, que fue un intento obvio de imitar y perpetuar la opresión que se estaba experimentando a nivel general en la sociedad dictatorial que vivíamos.  La represión política y la discriminación sexual habían resultado en una ausencia de mujeres que pudieran llevar la bandera Lesbiana, por así decir, aunque no conozco ninguna organización previa que lo haya hecho, de todas maneras.  Las mujeres que empezaron este grupo originalmente pertenecían a grupos feministas, pero se habían cansado de experimentar aún más discriminación.  A pesar del discurso común entre feministas lesbianas y heterosexuales en cuanto a opresión de género, la urgencia política de la movilización social para hacer caer a la dictadura no permitía un análisis más profundo sobre las diferentes opciones sexuales.  El movimiento feminista de la época parecía tener mucho miedo de contar con Lesbianas declaradas en sus filas.  El ser parte del movimiento de mujeres con un tinte feminista ya era malo (y castigable), y los medios de comunicación y otras organizaciones sociales y culturales, oficiales y no oficiales, sacaban provecho de aquellas historias que pudieran distraer la atención de la gente sobre lo que estaba ocurriendo a nivel político general.  ¡Imaginen lo subversivo que era contar con Lesbianas en el movimiento!  Eso, por supuesto, no se podía tolerar, ya que uno de los argumentos usados por el patriarcado (disfrazado con una capa militar) en contra de las feministas, era precisamente que las feministas odiaban a los hombres y eran Lesbianas.

Llegó un momento en que la representación Lesbiana dentro de los movimientos feministas en Santiago fue fuertemente cuestionada, ya que Ayuquelén – que en Mapuche significa algo así como ser feliz – buscó autonomía de los partidos políticos convencionales, pues sentían que estos partidos no proporcionaban el espacio suficiente para reflexionar sobre temas de mujeres y mucho menos sobre asuntos Lesbianos. Después de un desacuerdo, precisamente sobre la cuestión de representación entre Ayuquelén y La Morada (organización autodefinida como feminista) el grupo empezó a desmembrarse poco a poco y por un tiempo se redujo a una casilla postal que mantenía contacto con Lesbianas que les escribían desde lejanos lugares en la larga y angosta figura de nuestra geografía chilena.  No sé los detalles de su proceso posterior, pero indudablemente sentaron un ejemplo de poder y determinación Lesbiana para muchas de nosotras (4).

Lesbianas En Acción

A 500 Km al sur de donde estaban ocurriendo los eventos relatados, y en medio de un desorden político después de las primeras elecciones «democráticas» en casi 19 años, dos mujeres que trabajaban en la Universidad de Concepción iniciaron un Programa de Estudios de las Mujeres, que más tarde fue reconocido por las autoridades universitarias y convertido en un Diplomado de Estudios de las Mujeres.  Como una de las alumnas de este programa, el primer módulo que tomé fue sobre Violencia Doméstica.  Al final del módulo teníamos que escribir un proyecto sobre el tópico y yo decidí investigar la violencia entre Lesbianas.  ¿Por qué decidí escribir sobre algo que en cierta manera reforzaba los estereotipos del Lesbianismo?  Principalmente por tres razones.  Primero, mi pareja en ese entonces me había contado que una amante previa solía golpearla y yo no podía creer que esto pudiera suceder entre dos mujeres que supuestamente han rechazado los valores patriarcales, la violencia incluida.  Segundo, el año anterior, había conocido a una joven mujer, Leyla (5) y a Alejandra, su pareja, a través de la publicación de mi primer libro de poesía (6) que contaba con una sección Lesbiana (disfrazada, pero no demasiado para aquellas Lesbianas que quisieran declararlo).  Después de un tiempo supe que estaban pasando por una fase de violencia.  Tercero, quería desafiar mi propia noción idealizada del Lesbianismo, en que todo era idílico, lindo, color de rosa y perfecto sólo porque éramos mujeres que amábamos y hacíamos el amor a otras mujeres. 

Quiero narrar mi primera conversación y encuentro con Leyla, porque en cierto modo ilustra cómo las Lesbianas aprendemos a reconocernos de las maneras más extraordinarias, dadas ciertas condiciones.  Cierto día, después de la publicación y lanzamiento de mi primer libro de poesía, recibí una llamada telefónica en el instituto para el que trabajaba.  La voz en el teléfono dijo nerviosamente que era admiradora de mi poesía, que había disfrutado particularmente la última sección del libro y si le podía autografiar una copia.  Es claro que la mujer en cuestión no quería mi autógrafo realmente; ¡era mi primera publicación y el libro todavía no había sido dado a conocer a los llamados expertos!  Yo sabía que ella quería hablar del Lesbianismo en mi poesía, pero que no deseaba decirlo directamente en caso de que fuera sólo su imaginación.  Le pregunté por qué le había gustado esa sección en particular y me respondió que describía justo lo que ella sentía, y agregó: «Yo soy de las mismas».  Permanecí silenciosa, porque no quería presionar a alguien que indudablemente era muy joven e inexperta.  Acordamos reunirnos en mi oficina en el trabajo y le presenté a mi amante Lesbiana.  Leyla se puso tan contenta que la «amiga» que había venido con ella fue finalmente presentada como su pareja.  Aunque ambas habían notado palabras e imágenes de amor Lesbiano en mi poesía, el poema que les reaseguró que se podían abrir conmigo era uno en el que había «escondido» el mensaje Amor Lesbiano, solitario femenino placer.  Muy poca gente, ciertamente no los expertos, habían notado mi juego.  Había incluido este poema precisamente con la intención de que un encuentro como éste sucediera.  Las cuatro nos hemos amado desde entonces.  

Después de escribir mi proyecto, que fue un análisis débil pero apasionado de las entrevistas y modelo de tratamiento que seguí con Leyla y Alejandra, les pedí que me ayudaran a formar un grupo con el propósito de ofrecer escuchar, sin juzgar, a otras mujeres que pudieran estar experimentando dificultades similares en sus relaciones Lesbianas.  Esto no fue tarea fácil, ya que mis dos amigas estaban tratando de terminar sus carreras universitarias y una de ellas en particular tenía bastante aprensión de conocer a otras mujeres y ni siquiera se sentía a gusto con el término Lesbiana, por las connotaciones que tiene en nuestra cultura.  Decidí seguir adelante por mi cuenta y diseñé un volante muy sencillo resumiendo los objetivos del «grupo» y los dejé en lugares públicos.  Los objetivos incluían denunciar cualquier forma de discriminación y violencia en contra de las mujeres y reconocer que la violencia entre mujeres también existía; compartir nuestras experiencias Lesbianas y apoyarnos mutuamente en un mundo sexista y hetero sexista.  El volante finalizaba con un clásico llamado a otras Lesbianas a romper el silencio (rompe el silencio fue el slogan usado) y a escribir a una casilla postal (que se hizo pública a través del volante) que mi mejor amiga del curso sobre violencia doméstica había amable -y valientemente- facilitado para que pudiéramos acordar reunirnos en un espacio seguro.  Debo confesar que diseñé el folleto haciendo creer que éramos muchas las mujeres involucradas…y funcionó.  Unas semanas más tarde, la primera mujer me contactó en mi casa y después de unos minutos de conversación, me mostró el brazo derecho que mostraba los signos de una herida a cuchillo inferida por su amante casada.  No recuerdo lo que conversamos, pero me sentí tan tocada por esta experiencia, que mi débil intento inicial de crear el grupo se convirtió en una fuerte convicción e impulso.

En agosto de 1991 (casi un año más tarde), el grupo había adquirido el nombre LEA, que significa Lesbianas En Acción.  Alejandra diseñó un folleto más artístico y lo distribuimos de mano en mano a las mujeres en el paseo peatonal y a la entrada del correo principal de la ciudad.  Recibimos muchas miradas reprobadoras, pero el resultado fue que después de un mes celebramos nuestra primera reunión «propiamente tal» a la que asistieron aproximadamente seis mujeres.  A partir de entonces el grupo creció regularmente y atrajo a mujeres de diferentes clases sociales, educacionales y étnicas que tenían diferentes creencias y actitudes hacia el Lesbianismo, hacia temas de mujeres y hacia las nociones de feminismo.  Aunque las diferencias de clase eran obvias y a veces muy grandes, lo que nos mantuvo unidas fue la necesidad de entender nuestras identidades sexuales, aceptarnos a nosotras mismas y a otras y finalmente, la necesidad de romper el aislamiento en el que muchas de nosotras habíamos vivido por tanto tiempo.  Comentarios tales como «pensábamos que éramos las únicas» o «Sé exactamente por lo que has pasado» eran muy frecuentes.

Al principio no teníamos una planificación clara dentro de las reuniones, aunque casi todas me veían como la responsable de la dirección que seguíamos, probablemente porque hacíamos las reuniones en mi casa y porque yo era la feminista y quien había empezado el grupo.  Aunque esto estaba muy lejos de mi idea de colectivización, no puedo negar que necesitábamos a alguien que tratara aquellos temas que eran considerados difíciles o aburridos, incluso divertidos, sólo porque no todas habían pensado en ellos seriamente antes de asistir al grupo.  Muy luego, sin embargo, algunas de las integrantes empezaron a participar igualmente en la organización de las reuniones, sugiriendo y preparando temas para cada una de las sesiones.  Es así como nuestras metas iniciales empezaron a cambiar, y después de un tiempo conversábamos no sólo sobre casos de violencia entre Lesbianas, sino que también sobre Lesbianismo y religión o Lesbianismo dentro y fuera de los movimientos de mujeres, sobre el por qué algunas de ellas no se consideraban feministas, a la vez que compartíamos situaciones divertidas por las que habíamos pasado al tratar de reconocer nuestro propio Lesbianismo y el de otras.  Hicimos incluso un taller de defensa personal, aprovechando que una de las participantes estaba aprendiendo karate.  A veces, cuando lográbamos conseguir una película Lesbiana (muy difícil), tratábamos de discutir o analizar la película y nuestra reacción hacia ella, no sin antes suspirar y reírnos mucho.   Recuerdo en especial una sesión (Lesbianas y sus familias) que nos dejó llorando a la mayoría al narrar nuestras experiencias en la relación con nuestras madres y/padres.  Nunca he vuelto a sentir ese amor y comprensión tan apasionados entre Lesbianas de nuevo: nuestras lágrimas se transformaron en cordones plateados que nos unieron para siempre – al menos es lo que pensé en ese entonces.

Ese amor Lesbiano le dio al grupo un sentido de cohesión y solidaridad que no habríamos podido lograr si hubiésemos estado involucradas, por ejemplo, en política partidista.  Necesitábamos crecer desde adentro y hacia nosotras mismas antes de crecer hacia afuera, que fue el siguiente paso.  Tengo que decir que no todo era tan serio como suena aquí.  Celebrábamos muchas fiestas en las que cantábamos y bailábamos con nuestras amigas/amantes en un ambiente seguro y no sórdido.  También, el tamaño del grupo dentro de una ciudad relativamente grande daba lugar a relaciones y discusiones intra-grupales entre las participantes.  Lo interesante del caso es que la cohesión interna raramente se vio afectada por esto. 

LEA se abre (¿sale a la luz pública?)

La salida de los seguros confines de nuestras reuniones se realizó a través de una invitación hecha al grupo por una organización llamada Cepss (Centro de Educación y Prevención de Salud Social y SIDA) a que nuestro grupo formara una sección Lesbiana dentro de la organización, ya que la única mujer (Micky) que asistía a las reuniones de un grupo de jóvenes gays en el Cepss sentía que la mayoría de los temas que se trataban en las reuniones no eran relevantes para sus intereses de Lesbiana.  Algunas mujeres del LEA no querían asistir a las reuniones en el Cepss, de manera que a la vez que seguimos reuniéndonos semanalmente en mi casa, se dio la posibilidad que algunas de las participantes extendieran sus contactos.  Es así como el Taller Ser (homosexuales en el Cepss) y nuestro grupo organizaron el Primer Encuentro de Homosexuales en Coronel, un pueblo minero cerca de Concepción, los días 1 y 2 de noviembre de 1991.  Otras organizaciones que asistieron de Santiago incluían al Grupo Movilh y dos artistas radicales y creativos llamados Las Yeguas del Apocalipsis.  La Yeguas, en un divertido y ácido anti-discurso dieron, en complicidad con LEA y las locas, más de un dolor de cabeza a los gays del Movilh, que en cierta forma estaban repitiendo las viejas fórmulas patriarcales de la política partidista.  LEA y Las Yeguas sentían que la prioridad era «romper el silencio» en cuanto al derecho que teníamos a Lesbianizar u homosexualizar nuestro amor, pero con total autonomía de los partidos políticos que nunca habían reconocido nuestra sexualidad.

Después del Encuentro, LEA creció y se fortaleció y es así como hicimos una serie de programas en una estación de radio local en los que leíamos poemas Lesbianos, hablábamos sobre nuestro grupo e invitábamos a otras mujeres Lesbianas a unírsenos.  Algunas (sólo un par de nosotras éramos completamente públicas) participamos en actos abiertos organizados principalmente por el Cepss para atraer la atención del público en general sobre el problema de VIH/SIDA en la sociedad chilena.  Una participante que pertenecía al Partido Humanista de Chile trató de hacer conciencia sobre los derechos de las Lesbianas al interior de su partido, con el resultado de que nuestro grupo accedió a votar en las elecciones locales por aquellas personas de su partido que estaban dispuestas a incluir asuntos de Lesbianismo y homosexualismo en su agenda política.  Esto de ninguna manera constituyó una renuncia a nuestras creencias en autonomía, sino que fue una movida estratégica y negociada.

En junio de 1992, muchas paredes de la capital, Santiago, amanecieron con posters anunciando el Primer Encuentro de Lesbianas chilenas.  El poster diseñado por Alejandra mostraba el perfil de dos mujeres desnudas acariciándose mutuamente y unos versos adaptados de uno de mis poemas:  «Hoy he vuelto a bailar con mis hermanas/ hoy he tenido un orgasmo sin espermios/y mi amor tiene cara de mujer».  Habíamos decidido pegar los posters después del Encuentro, por razones de seguridad.  Habría supuesto un riesgo desplegarlos antes, puesto que no estábamos seguras si las nuevas autoridades «democráticas» intentarían interrumpir el evento.  Aunque el encuentro fue oficialmente anunciado por Ayuquelén – que para entonces había crecido en número y contaba con fondos proporcionados desde el extranjero – la organización correspondió a los esfuerzos conjuntos de LEA y Ayuquelén.  El título de este capítulo ha sido tomado de la invitación al encuentro que decía:  «Todas locas, todas vivas, todas libres: desde nuestra anónima invisibilidad, con felicidad, creatividad y fortaleza te invitamos a participar en nuestro Primer Encuentro Nacional…Te estaremos esperando…con afecto y sororidad…Colectiva Ayuquelén, Santiago».

El encuentro significó solidaridad, más apertura, organización y coordinación entre dos grupos que se habían reunido en algunas ocasiones (LEA había invitado a Susana y Lili del Ayuquelén a realizar unos talleres para nosotras).  Asistieron mujeres de diferentes regiones de Chile, y analizamos aquellos tópicos que considerábamos determinantes para una inserción asertiva en una sociedad anti-lesbiana: en otras palabras, discutimos temas como autoestima, identidad Lesbiana, feminismo y su relación con el Lesbianismo.  Algunas de las conclusiones a las que llegamos en esta ocasión fueron que vivíamos en una sociedad de prohibiciones y que el amor erótico Lesbiano no solamente se reflejaba en nuestras relaciones sexuales, sino que también en nuestros trabajos y rutinas diarias.  Afirmamos que, así como la verdad no es «legalizable», nuestros sentimientos no son «normalizables».  Finalmente, concluimos que desde el momento en que nos reunimos en ese encuentro nos estábamos definiendo como Lesbianas políticas y organizadas que deseaban salir del gueto y luchar porque nuestros derechos fueran respetados y reconocidos por el resto de la sociedad chilena, especialmente por el movimiento de mujeres.  Cinco días más tarde volé a Inglaterra.

LEA hoy en día

Un mes antes de mi viaje, LEA celebró su primera elección interna, ya que algunas de nosotras temíamos que, al irse una integrante del grupo, éste se desintegraría.  J., que pertenecía al Partido Humanista fue elegida presidenta y al parecer todo se desarrolló sin problemas por un tiempo.  Sin embargo, según los comentarios de una de las participantes, el grupo experimentó cambios a medida que la política partidista empezó a minar tanto el crecimiento personal y colectivo, así como uno de los objetivos originales que era organizarnos como Lesbianas dispuestas a romper el silencio colectivamente, pero no como Lesbianas marginales dentro de partidos políticos, por mucho que un determinado partido autoproclamara la no exclusión.  Han surgido problemas de «viajes de poder» y se ha sugerido cambiar el nombre del grupo a Amazonas.  Todo esto ha resultado en divisiones internas, en participantes abandonando el grupo y en un cese casi total de trabajo hacia el crecimiento interno y personal.  Pareciera que algunas integrantes del grupo se han cubierto con una bandera «humanista» en vez de mostrar la bandera Lesbiana que tanto soñamos con llevar colectiva y libremente.

Mensaje a LEA

Les pido a las integrantes de LEA en la actualidad que no olviden las lecciones del pasado en que, una vez que la «democracia» llegó, muchas mujeres volvieron a la invisibilidad de sus hogares aun cuando, tanto hombres como mujeres dentro y fuera de partidos políticos, trabajamos unidos para derrocar a la dictadura.  En cuanto a aquellas mujeres que han luchado por quedarse en la arena pública, ustedes deben saber mejor que yo que están encontrando muy difícil, si no imposible, el incluir asuntos que tienen que ver con los derechos de las mujeres en la agenda política sin ser acusadas de poner sus intereses antes de los del pueblo.  Les pregunto: ¿es que las mujeres no somos pueblo?  ¿Es que las Lesbianas no somos seres humanos?  Como dice el dicho…»la caridad empieza por casa» y debemos recordar que hace sólo tres años asistimos a nuestro primer encuentro nacional porque creíamos en todas locas, todas vivas todas LIBRES.

No seremos nunca libres si dependemos de las decisiones de partidos políticos para tener espacio.  No estaremos nunca vivas en una oscura sala marginal de sus cuarteles, sala que nos prestan para mantenernos controladas y para usar nuestra energía, nuestra creatividad y nuestro activismo para sus propios intereses.  Sus razones y preocupaciones son tan válidas como las nuestras; pero los partidos no nos representarán nunca en nuestra totalidad Lesbiana, a menos que, como digo al principio de este artículo, sigamos siendo nosotras las activistas de nuestros sueños y aspiraciones Lesbianas.   Esto no quiere decir que paremos todo proceso de negociación con aquellos partidos políticos que estén abiertos a nuestras sugerencias Lesbianas.  Ellos nos necesitan, así como nosotros necesitamos a los partidos para mejorar la situación de gays y Lesbianas en los sistemas sociales y legales chilenos; pero no podemos darles poder sobre nosotras.   Nuestro crecimiento puede tener lugar dentro y fuera de nosotras, pero nunca bajo la fría sombra de estructuras, que, aunque aparentemente están abiertas al cambio, todavía perpetúan diariamente discursos sexistas, racistas y homofóbicos en su lucha por el poder en las jerarquías gubernamentales.

Finalmente, recuerden lo que una vez escribí en la puerta de mi pieza:  Cuando las Lesbianas nos reunimos no lo hacemos sólo para sexualizar nuestra pasión por otras, sino que ante todo para Lesbianizar nuestra relación con el mundo.  Una vez rompimos el silencio y lo podemos hacer de nuevo.

Notas

(1) Quiero dejar en claro que loca en español tiene varias connotaciones.  Una de ellas negativa -que también puede ser el caso con las Lesbianas y gays, ya que cualquier persona que traspase los límites de reglas establecidas y rígidas es definida como loca por la sociedad.  Dentro de las connotaciones positivas está aquélla que indica una actitud positiva y buena hacia la vida.  También es un término de amor y afecto.

(2) Cuando tenía 17 años quería ser monja y a veces me pregunto – y hago chistes – si acaso inconscientemente lo único que perseguía era vivir en un ambiente solamente de mujeres. 

(3) Esto no significa que en otros contextos no use la palabra Lesbiana como adjetivo, por ejemplo, en la frase «movimientos Lesbianos».  A riesgo de ser redundante, insisto en que hago uso de esta opción cuando se trata de mi propia auto-definición.  

(4) Ayuquelén ha revivido y continua activa a nivel Latino Americano e internacional (nota de la editora).

(5) Algunos de los nombres han sido cambiados para respetar el derecho de mis amigas a su anonimato. 

(6) C. Rivera (1990) La liberación de la Eva Desgarrada …etc.