Sobre poemario Electra, de Marta Morales Peña
(Concepción: Amukan Editorial, 2020)


Presentación María Teresa Aedo Fuentes, Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad de Concepción, investigadora en áreas de creación literaria e historia de las mujeres en América Latina desde enfoques feminista y decolonial. Co-fundadora y actual Directora del Museo de las Mujeres – Chile.


¿Cómo leer poesía escrita por mujeres y sobre mujeres, sabiendo que es legible en la misma medida que deconstruya categorías dadas, incluso la categoría “mujer”? Desafiando precisamente cualquier legibilidad establecida, conectará con aquellas subjetividades que merodean en análogos espirales del viaje vital y poético.
Electra, de Marta Morales Peña, emerge con luz propia de los fondos oscuros, obliterados, de la herencia cultural occidental, para romper con las energías funestas de la épica y de la tragedia de un patriarcado que se autodesigna fundante de la civilización, de la sociedad, de la familia y del amor.
Dos focos de significados atraen las fuerzas de sentido en estos poemas: una mujer y una ciudad arquetípicas.
Cuatro son las historias, sintetizó Borges, y la primera es la del cerco de una ciudad. Así se inicia también este poemario: “La Troya estaba lejos, / no tan lejos como ahora”. Sin embargo, ¿qué tan lejos se puede estar de Troya? El sentido de la guerra, la energía de los heroísmos, el efecto de los sacrificios, la intensidad de los deseos, la trascendencia de las utopías … ¿Está lejos?
En el mito clásico Electra es un cuerpo y una subjetividad vacía, que existe solo en función de la venganza entre clanes patrilineales. La Electra de Marta Morales se desvía totalmente del enfrentamiento con la madre, su energía se reorienta con toda su intensidad hacia el hermano. Más que esperar a Orestes para convertirlo en instrumento o cómplice del matricidio, Electra sueña ansiosa al hombre Orestes, lo desea en cuerpo y sangre, y lo posee con toda esa pasión contenida por la violencia represora del Estado-Padre y Madre. Hasta que el deseo incestuoso se transforma en sacrificio por la irrupción y consolidación de la ley. Entonces el orgasmo fraterno produce el errático divagar del fantasma de Electra, excéntrico, apátrida, extraviado sobre la destrucción. No porque el futuro no se vislumbre o no tenga realidad, sino porque la idea de patria no existe ya, ¿qué arraigo ha podido tener Electra en la precariedad de sus circunstancias? Así también las Electras que vendrán: útiles ofrendas propiciatorias.
Desde la experiencia de estas Electras, la relación de las mujeres con el poder de Estado siempre ha sido eminentemente violenta y excluyente; para el Estado esta exclusión de las mujeres es incluso fundante. ¿Podría la escritura ensayar otra historia imaginando inversiones del texto clásico? ¿Quizás si la madre terrible del patriarcado guerrero no obligara al matricidio? ¿Si Orestes no cediera a ser instrumento de la venganza de Electra? ¿Si las hijas no fueran corderas sacrificadas en el altar de los hombres-héroes, sino que reaccionaran con fiera y cómplice autodefensa?
Hay que leer de nuevo las historias, porque no son solo cuatro y no han sido consideradas todas las lecturas. Como diversas creadoras que han recorrido a lo largo de los siglos los decursos de las otras genealogías – las nuestras -, Marta reescribirá historias del pasado nacional reciente reconociendo los contornos de esas mujeres indóciles en su propio cuerpo, en la vibrante sensibilidad de su piel, en su voz, grito de placer y de dolor, … profunda voz de ignorado y traicionado deseo.