Presentación Colección Poesía nunca prisionera
Uca Torres Mora
Cuando le propusimos a Arinda Ojeda Aravena participar en esta colección sobre poesía prisionera, como se le ha llamado a la producción poética creada en las cárceles de la dictadura civil militar, ella nos señaló de manera enfática que la poesía nunca es prisionera. De ahí surgió el título de esta muestra y la reflexión sobre el sentido de la escritura como un acto comprometido que toma el pulso a una época y permite recoger distintas sensibilidades, sobrepasando lo meramente discursivo.
Es importante recordar que con los últimos versos que escribió Víctor Jara en el Estadio Nacional poco antes de ser asesinado, se inauguraría la expresión de la palabra resistente desde el espacio de la total privación, tortura y muerte: “Canto que mal me sales, cuando tengo que cantar espanto”. Al mismo tiempo, será la solidaridad de muchos y muchas que, superando el miedo, harán que estos versos urgentes vuelen como palomas mensajeras. Tal como en 1943, volaron libres las palabras de la poeta holandesa Etty Hillesum quien mientras era conducida a Auschwitz lanzó una postal desde el vagón que la llevaría a la muerte. Un campesino que encontró la postal, la hizo llegar a sus destinatarios: “Si llegase a sobrevivir, surgiré como un ser más sabio y profundo. Mas si sucumbo, moriré como un ser más sabio y profundo.” Si hay algo que une a estas dos historias, separadas en apenas 30 años, es que tanto Víctor Jara como Etty Hillesum nunca fueron aniquilados.
Entre aquellos y aquellas que sobrevivieron se cuentan poetas hombres y mujeres que relataron el horror, pero sobre todo el amor, porque es el motor que permite pensar que hay un mañana y que después de la tortura, la prisión y la suma de todos los dolores, están los ojos de la ternura. Dentro del canon literario aparecen poetas como Aristóteles España, Omar Lara, Mauricio Redolés, Floridor Pérez, Elvira Hernández y Heddy Navarro, quienes han dejado huellas en su producción poética de su experiencia como sobrevivientes del terrorismo de estado.
A 50 años del quiebre democrático, cuya política de terror pretendió aniquilar toda expresión artística con raigambre popular o comprometida con los cambios socioculturales, el Museo de las Mujeres Chile, ha querido visibilizar la poesía de cuatro mujeres que escribieron desde la prisión y que, en el caso de tres de ella, la primera edición se produjo mientras se mantenían prisioneras. Se trata de Arinda Ojeda Aravena con su poemario Mi rebeldía es vivir; Nancy Solís con su libro Estrellando el muro; Angélica Rojas Toledo con parte de su libro póstumo Ni promesas ni juramentos y, por último, Belinda Zubicueta con su texto En una costilla del tiempo. La colección de Poesía nunca prisionera busca traer al presente una suerte de poética de primera línea que no ha sido suficientemente difundida, lo cual podría ser atribuido a la hegemonía masculinizada en la literatura, tal como le ocurrió a la escritora y miembro de la resistencia francesa, Charlotte Delbo. Charlotte sobrevivió a los campos de exterminio nazis, escribiendo sobre esta experiencia desde una voz colectiva, donde el cuerpo-mujer sostiene y abraza. Siendo sus textos de gran calidad poética y de importancia histórica, su producción literaria ha sido poco divulgada.
La poesía de estas cuatro mujeres instala el cuerpo en el territorio de la ausencia, de la añoranza, de la tortura y también de la resistencia, la dignidad y el deseo. Es un cuerpo herido, pero que se rebela. Un cuerpo que se desplaza en el mínimo espacio que le es permitido, espacio en que sobrevive la pasión, la maternidad y el compromiso político enaltecido. Desde los intersticios de los muros carcelarios, logran sacar voces tan potentes que erizarán la piel de quien la oiga. Porque estar vivas será para Arinda su gesto de mayor rebeldía; mientras Nancy hará su propio cielo en los muros de la prisión; Angélica invitará a tomar su vida y libertad con la condición de que ocupen su puesto y Belinda saltará su vida de barrotes, explorará paredes y pintará tu rojo llanto.
Las voces de estas poetas traspasarán las rejas, los cerrojos, las revisiones de los guardias y para ello contarán con el compromiso de quienes ayudaron a que esas palabras pudiesen vencer todo tipo de censura, porque la poesía es un acto liberador.
Esperamos que la Colección de Poesía nunca prisionera contribuya a la comprensión profunda de lo que significa la violación sistemática de los DDHH y la valentía de estas poetas mujeres que subvirtieron el orden patriarcal, incorporándose a la lucha contra la dictadura civil militar, en favor de cada uno y cada una de nosotras. Esperamos también que puedan leer esta poesía no solo en su dimensión discursiva, sino en sus múltiples sentidos que interpelan el pasado, pero también el futuro.
Agradecimientos
Agradecemos la infinita generosidad de las poetas – y a Vilma Rojas Toledo, en representación de su hermana Angélica Rojas Toledo -, que nos compartieron no sólo sus valiosos poemarios, sino también recuerdos y registros de tramos importantes de sus vidas. Son un regalo, una ofrenda de amor y de rebeldía para todas nosotras.

