Performance y feminismo.

Los cuerpos en el espacio público: a propósito de “Un violador en tu camino” de Lastesis

Por Beatriz Barra Ortiz.

Los movimientos feministas han utilizado múltiples lenguajes, códigos y recursos para expresarse y también para denunciar el orden social heteropatriarcal. A partir de los años 60, en el seno de la emergencia de las artes contemporáneas, las artistas feministas se apropiaron de la performance como soporte artístico, donde el cuerpo protagoniza y recrea imaginarios y discursos contraculturales con el propósito de narrar una nueva versión de la historia o en “herstory” (Scott, 2008). La performance brinda lugares de visibilización y protesta a la existencia de una violencia cultural, estructural y simbólica, que se materializa en la producción y reproducción de estereotipos por género y estructuras de poder en las que reside el prestigio masculino (Tárraga, 2016:16).

En esta trayectoria, la alianza entre los cuerpos y la ocupación del espacio público (Butler, 2017) se vincula con los feminismos y sus políticas transformadoras. Ileana Diéguez (2009) reflexiona sobre las prácticas artísticas y políticas en el contexto latinoamericano, vislumbrándolas como escenarios y teatralidades liminales que están configurando prácticas socioestéticas. Para esta autora “lo político no se configura por las problemáticas y los temas, sino especialmente por la manera en que se construyen las relaciones con la vida, con el entorno, con los otros, con la memoria, la cultura e incluso con lo artísticamente establecido que se involucran ciudadanos y creadores que utilizan dispositivos estéticos para la elaboración de nuevos discursos en la protesta pública”. Diéguez (2009) señala que estas representaciones en el espacio cotidiano “producen situaciones de “caos fecundo” y de liminalidad: es decir, estados de tránsito, de movimientos colectivos espontáneos que generan asociaciones temporales no jerarquizadas y en las que se concretan acciones sociales que invocan posibles transformaciones o que ya constituyen espacios simbólicos transformadores”. 

Con la emergencia de artistas feministas que co- construyen poéticas en espacios públicos junto a activistas y mujeres organizadas con el fin de desarmar los mandatos de género establecidos, en plena en crisis política y estructural por la herencia de la dictadura, se inserta la propuesta del colectivo de artistas escénicas y gráficas; Lastesis. Este colectivo, en base a sus lecturas de las teorías feministas contemporáneas, construyó la obra performativa “Un violador en tu camino”, la cual se articuló a partir de las tesis de la antropóloga argentina; Rita Segato, quien trabaja y enlaza los conceptos de género, mujeres y violencia sexual.

La violencia contra los cuerpos feminizados para Segato (2003) está compuesta de hábitos arraigados en la vida comunitaria y familiar de todos los pueblos del mundo, expresándose en las rutinas, las costumbres, en la moral y en idea de “normalidad” en el trato desigual con las niñas y mujeres. La violencia contra las mujeres se configura como aquellas prácticas funcionales para mantener el orden y perpetuar la subordinación y desvalorización de lo femenino frente lo masculino. Por eso, esta práctica patriarcal puede leerse desde el concepto del continuum, dado que esta se manifiesta transversalmente durante el ciclo vital de las mujeres, siendo de tipo estructural operando como mecanismo de poder y control para la reproducción de los procesos de la construcción de las masculinidades hegemónicas (Segato, 2018).  

La revuelta de octubre 2019 en Chile y la violencia política sexual. 

En la postdictadura uno de los procesos sociopolíticos más importantes ha sido la revuelta de octubre, abriendo profundas grietas que ponen en evidencia la precarización de vida de importantes sectores de la sociedad del país. La Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres y Niñas nos menciona que “en este escenario de transformaciones, para las mujeres quedarse en casa adquiere otro significado. El viejo paradigma que indicaba una separación entre el espacio público -político, masculino y valorado- y el espacio privado -íntimo, familiar y despolitizado- aparece hoy cada vez más desdibujado”. Por lo tanto, en un contexto de intensificación de la protesta y organización de mujeres, una de las principales características de esta revuelta fue la alta participación política de las mujeres en las calles, en los espacios de discusión y organizativos y, sin duda, en el enfrentamiento directo con la policía. 

La participación política de las mujeres significó según Rita Segato (2018:19) “la ruptura del sujeto de la enunciación paradigmática de la esfera pública, es decir, de todo cuanto sea dotado de politicidad, interés general y valor universal, el espacio de las mujeres, todo lo relacionado con la escena doméstica, se vacía de su politicidad y vínculos corporados de que gozaba en la vida comunal y se transforma en margen y resto de la política”. En ese sentido, la participación política de las mujeres, a pesar de que la cifras indiquen que ha aumentado, tiende a ser castigada por los mandatos del patriarcado que las relega al espacio doméstico. 

Estas sanciones se manifestaron con la violencia política sexual perpetuada por agentes del Estado en medio de la crisis; a 24 días desde el 18 de octubre 2019, el INDH ya registraba 52 querellas por este crimen de lesa humanidad. Hacia el 13 de diciembre el reporte del INDH daba cuenta de que las querellas habían subido a 194. La mayoría eran mujeres, no obstante, hubo casos de agresiones a personas de la disidencia sexual. Ximena Goecke nos explica que la violencia política sexual “ha sido un dispositivo de sometimiento largamente utilizado en la historia, al punto que hasta hace muy poco se naturalizaba y obviaba en el recuento de los delitos y perjuicios ocasionados en las sociedades en momentos de crisis política y social” (2019:56).

La violencia sexual contra las mujeres también es reproducida por los Estados y por sus agentes dado que el Estado tiene “un ADN masculino, pues resulta de la transformación de un espacio particular de los hombres y su tarea específica —la política en el ámbito comunitario, intercomunitario y, más tarde, ante el frente colonial y el Estado nacional— en una esfera englobante de toda la realidad y secuestradora de todo lo que se pretende dotado de politicidad” (Segato,2018:19). Por eso, el Estado y gobierno de Piñera, amenazado por las protestas y desestabilización de la estructura social y política, ejecutó violencia por vías sexuales para destruir moralmente el enemigo [pueblo] “el cuerpo de la mujer es el bastidor o soporte en que se escribe la derrota moral de enemigo” (Segato,2018:66). En ese orden, la violencia contra las mujeres no puede concebirse solamente como aquella que se practica en los marcos de las relaciones de poder y comunicación entre hombres y mujeres, sino que está transversalizada en las relaciones humanas, las instituciones y el aparato estatal, incluidas las fuerzas militares y policiales. 

“Un violador en tu camino”: Protestar y la construcción de comunidades de mujeres. 

Lastesis en el marco de la semana del 25 de noviembre “Día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres” y a más de mes de la revuelta del pueblo y la puebla, performaron colectivamente, en medio de la represión y violencia política sexual perpetuada por Carabineros de Chile, estas conexiones que sostienen una “guerra contra las mujeres” (Segato, 2018). 

Podemos comprender a “Un violador en tu camino” como un dispositivo de liminalidad, debido al uso de procedimientos artísticos en el campo social, la construcción de una producción estética como una práctica activista directa en el tejido social y como masiva acción feminista que relató “los dramas que vive la sociedad civil, en este caso niñas y mujeres, desde las intervenciones en el espacio cotidiano” (Dieguez, 2009). Su reproducción sin fronteras fue constituyéndose como una potencia feminista (Gago, 2019) que desde prácticas artísticas intergeneracionales y situadas, repensaron el valor de la vida de las mujeres en la sociedad.  La potencia del arte colectivo, sus metáforas y poesía, fueron una voz articuladora que puso en tela de juicio, el imaginario de jueces, procuradores, editores de medios y la opinión pública con respecto a lo “privado” de la violencia contra las mujeres, a pesar del espectáculo y fragor de lo vivido por las víctimas (Segato, 2018). Y sin duda, desde la liminalidad, las participantes experimentaron performando la “vivencia como experiencia directa”, conformando una “communitas” de mujeres (Diéguez, 2009) que representaron desde la dimensión simbólica un espacio de encuentros, afectos y nuevas alternativas de concebir a las mujeres en el patriarcado para su subversión. 

Lastesis y las participantes de las performances colectivas recrearon con sus cuerpos, la letra y el lenguaje de la pedagogía de la crueldad y los efectos normalizadores de escenas violentas de los paisajes de crueldad (Segato, 2018:19) pero también, nos invitaron a construir imaginarios, marcos y acciones de contrapedagogías de la crueldad en todo ámbito de la vida social como una alternativa de transformación.

En pandemia, nos queda seguir conversando entre amigas y compañeras como urdiremos juntas propuestas para subvertir la ausencia de los cuerpos y afectos en la calle, el aumento de la violencia contra niñas y mujeres en el interior del hogar por el confinamiento y la incertidumbre respecto del futuro que nos trajo el Covid- 19. 

Referencias:  

  • Butler, J. (2017). Cuerpos aliados y lucha política. Hacia una teoría performativa de la asamblea. Barcelona: Paidós.
  • Diéguez, I. (2009). Escenarios y teatralidades liminales. prácticas artísticas y socioestéticas. Archivo virtual de artes escénicas, Artea, Universidad de Castilla – La Mancha.
  • Gago, V. (2019). La potencia feminista o el deseo de cambiarlo todo. Buenos Aires: Tinta Limón.
  • Goecke, X. (2019). Corriendo la venda: violencia política sexual en dictadura. Disputas feministas a la memoria y justicia transicional. En G. Arellano, N. Del Valle y D. Gálvez. (Ed.), Golpes a la memoria. Escritos sobre la postdictadura chilena (pp. 49-67). Madrid: TEGE (taller escuela gráfico editorial).
  • Segato. R. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: contrato y status en la etiología de la violencia. Brasilia: Serie Antropología.
  • Segato. R. (2018). La guerra contra las mujeres. Argentina: Prometeo libros.
  • Scott. J. (2008). La historia de las mujeres. Género e historia. México: FCE.