Por Marité Inostroza Henríquez.

Desde que nace la carrera de obstetricia para matronas en la Universidad de Chile el 16 de Julio de 1834,  fundada por el médico francés Lorenzo Sazié, comienza la profesionalización de la asistencia del parto en nuestro país, siendo el domicilio de las propias parturientas el espacio donde se concentra mayormente la acción de las nuevas profesionales matronas durante el siglo XIX  y gran parte del siglo XX.  Es necesario recordar que la casa, era el lugar donde habitualmente parían las mujeres, acompañadas de parteras y sus familias. Además, a lo largo de la historia los partos siempre fueron atendidos por mujeres y en posiciones verticales. Recién en 1650 François Mauriceau, atiende  en hospital partos en cama con la mujer en posición decúbito dorsal, porque dicho médico se dedicaba a estudiar patologías obstétricas – como eclampsia, partos distócicos e infecciones puerperales -.  Luego, la práctica de atención en cama, postura que resulta cómoda para el profesional, se fue haciendo habitual en los partos normales. 

En 1875 se crea en Santiago la primera maternidad en el hospital San Borja y, gradualmente, se van creando en los otros hospitales del país. Actualmente, en Chile ocurren 99.7%  de los partos en recintos hospitalarios, el 60% de ellos es atendido por matronas y el resto por médicos. En países desarrollados de Europa los partos por matrona llegan al 80% (por ejemplo, Reino Unido).

La matrona históricamente se ha especializado en partos fisiológicos y así es reconocida en el Código Sanitario de Chile en el artículo 117: “Los servicios profesionales de la matrona comprenden la atención del embarazo, parto y puerperio normales y la atención del recién nacido…”. No obstante,   hemos visto que a partir de los años 80 se extreman las medidas de los servicios de salud para llevar a las gestantes a las maternidades públicas o privadas, cuyo número aumenta progresivamente en desmedro de la salud pública. Así también, se promueve la atención con obstetras en clínicas particulares, lo que ha llevado a una intervención innecesaria de un proceso normal, asociada a tener más del 50% de cesáreas en el país, en contraste con lo sugerido internacionalmente por la OMS que no es más del 10%.

En abril de 1985, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de Salud realizaron una Conferencia en Brasil de la que surge la Declaración de Fortaleza, que entrega importantes recomendaciones y prohibiciones que se pueden resumir en lo siguiente:

Para su bienestar  la madre debe tener derecho a elegir con quien acompañarse durante todo el proceso del nacimiento,  debe conservar su derecho a decidir sobre vestimenta, comida, destino de la placenta,  y otras prácticas culturales. Además debe decidir libremente qué posición adoptar durante el expulsivo.

El recién nacido sano debe permanecer con su madre y amamantarse inmediatamente después del parto.

No está indicado rasurar el vello pubiano, ni administrar enema antes del parto, ni colocar a la embarazada en posición dorsal de litotomía durante la dilatación y el expulsivo, tampoco se justifica el uso episiotomía, ni rotura artificial de membranas y se debe evitar la administración rutinaria de analgésicos o anestésicos. Por ultimo la monitorización fetal debe efectuarse solo en casos de alto riesgo de mortalidad perinatal y en los partos inducidos.

Si la gestante es sujeto de derechos, que ha decidido tener el parto en su propia casa.

Si la matrona esta legítimamente facultada y preparada  para acompañarla y asistirla.

Si la OMS y la OPS establecen recomendaciones que apoyan el proceso normal.

Si la historia de las mujeres y de nuestras ancestras demuestra su capacidad para parir naturalmente

Entonces ¿POR QUE NO PARTO PROFESIONAL EN CASA?

https://leyes-cl.com/codigo_sanitario/117.htm