Por Gabriela Martínez Cañete

A pesar de que en el año 2017 se aprobó la ley de aborto en 3 causales en Chile, aún se presentan y se siguen desarrollando conflictos y obstáculos asociados principalmente a la violencia ginecológica y médica que ejercen los centros de salud y sus funcionarixs, impidiendo nuevamente el derecho a decidir por parte de las mujeres. Lo anterior tiene relación también con el enjuiciamiento social- patriarcal, asociado con el rol mujer-madre, que sigue estando muy arraigado en nuestro consciente colectivo, donde se asocian aún roles y estereotipos relacionados con el desarrollo de la maternidad, la crianza y el cuidado de otros y otras. Por otra parte, la interrupción voluntaria del embarazo es una lucha histórica y una práctica que heredamos de nuestras ancestras, donde van cambiando los métodos, pero no el ejercicio de abortar.

Con la implementación de la Ley 18.826 que derogó el artículo 119 del Código Sanitario Chileno en 1989, se penaliza el aborto; tuvieron que pasar más de 40 años para que en 2017 se pudiera aprobar la ley de aborto en 3 causales (por motivos de violación, inviabilidad del feto y riesgo de la vida de la madre), la cual tuvo complicaciones en su implementación desde el primer momento. Con la indicación de la ley que permite la objeción de consciencia, muchos médicos chilenos se acogieron bajo este precepto y comenzaron a negar el derecho de aborto en hospitales y clínicas. El aborto en sistemas neoliberales expone a los cuerpos con capacidad de gestar, a violencias naturalizadas en lo que respecta a la negación de poder decidir sobre nuestros cuerpos. Aun cuando la interrupción del embarazo se considera un derecho sexual y reproductivo, el cual está instalado dentro de los derechos humanos universales, es negado en distintos espacios. Por otra parte, se crean diversos mitos con respecto a esta práctica, como por ejemplo que son poco seguros, traumáticos, incluso poco higiénicos, que favorece la criminalización de nuestro derecho a decidir.

El concepto de maternidad obligatoria se instala de esta manera como la forma de obligar a mujeres a cumplir su rol de madres, impidiendo el derecho a elegir si serlo o no. De esta manera el sistema heteropatriarcal se manifiesta instalando controles de dominación asociados al mantenimiento de la familia tradicional. Lo anterior va de la mano con el sentimiento de culpa que instala la familia, los medios de comunicación y la sociedad en general al momento de decidirnos por esta práctica.

Por lo anterior es que la demanda sigue siendo ABORTO LIBRE, SEGURO Y GRATUITO, para que así los cuerpos gestantes tengan la opción de velar por la autonomía de nuestros cuerpos. Muchos grupos feministas apoyan esta consigna de lucha existiendo grupos como la línea aborto y la red con las amigas y en la casa, que trabajan directamente con estas temáticas. No debemos bajar los brazos, aún queda mucho que conseguir y por sobre todo que exigir, no sólo a un aparato estatal, sino que más bien apelando a la auto y coeducación entre nosotrxs mismxs, apelando al acompañamiento feminista y sobre todo a una educación sexual integral real.