Por Beatriz Yudich Barra Ortiz

 

“~Te escuché hablar sobre el “trabajo doméstico invisible” en Villarrica, el verano de 1971. Fue una charla muy sencilla en vocabulario. Recuerdo que las mujeres quedaron encantadas por escuchar a alguien que le ponía palabras a lo que ellas no podían decir…existía un alto grado de analfabetismo, timidez, humildad y violencia intrafamiliar, tanto, que ni siquiera se atrevieron a contarle a sus maridos lo que escucharon en esa reunión…Fue hace casi 40 años. ~”

Recuerdo de una compañera que conoció a Marta Zabaleta.

Para mí, leer el libro fue complejo y denso, siendo activa en el movimiento feminista con conciencia de los significados de la recuperación de las memorias de las mujeres. Situarme en los contextos históricos y políticos de Chile, Argentina e Inglaterra que relata Marta, no fue fácil. Sin duda, tengo y tenemos una gran deuda con el conocimiento y apropiación de las historias de los pueblos latinoamericanos y en especial con las mujeres.

Me fue imposible no emocionarme al leer estas memorias de mujeres que resistieron y lucharon previa y durante las Dictaduras Militares del cono sur. Mujeres que tejieron esperanzas y sueños de transformación para nosotras y la sociedad en su conjunto.

No solo es un alivio saber que tenemos esta posibilidad, caminar juntas es una práctica fundamental para resistir a las violencias patriarcales, neocoloniales y capitalistas. Acuerparnos nos diría la feminista comunitaria territorial maya xinca Lorena Cabnal.

Su texto no es lineal, es una escritura antipatriarcal y anticapitalista en su esencia, pues no plantea verdades e historias únicas respecto a las militancias revolucionarias ni del pasado ni del presente, es crítica del MIR histórico, por eso no posiciona heroínas ni héroes, nos lleva a emocionarnos con cada vivencia y reflexión a lugares íntimos y cotidianos. Sentí que transitaba por diversos paisajes, ciclos y estaciones, claramente, era su militancia revolucionaria. Tan humana, tan fría, cálida, gris, paciente, transformadora y con múltiples rupturas por las decisiones que debió optar para ir construyéndose como mujer, como ella misma plantea, autónoma, profesional y con conciencia de género y de clase. Una militancia revolucionaria permanentemente fisurada por la vida, las diferencias políticas, las visiones oblicuas, la praxis, la violencia de estado, la cárcel y el exilio.

Sus escrituras en distintos formatos; autobiografía, cartas, poesía, diálogos, biografía e imágenes, son fragmentos de memorias articuladas desde los cuerpos, afectos y las utopías, abrazadas desde los feminismos. Ella no deja de expresar que la escritura de las mujeres del llamado “Tercer del mundo”, tienen una gran potencia para denunciar la violencia del terrorismo de Estado como también para sanar la violencia y el trauma de las revolucionarias exiliadas, torturadas, víctimas de violencia política sexual. La escritura es un medio de recuperación de la dignidad, las corporalidades y de los proyectos políticos que encarnamos.

En base a mi lectura, muy humildemente, quisiera destacar algunos nudos interesantes del presente y pasado que nos invita a re-pensar Marta con respecto a las militancias revolucionarias de las mujeres en clave antipatriarcal y anticapitalista:

  1. Escribir como acto político de reconocimiento, sanación del trauma transgeneracional y recuperación de nuestros ideales y proyecto políticos. Para nosotras y para las que vendrán. La escritura para que podamos conocer cómo vivimos las militancias, qué pensamos, cómo sobrevivimos frente a las violencias estructurales, cómo nos organizamos, cómo nos relacionamos entre mujeres y con otros movimiento y organizaciones, cómo activamos la política feminista y cuáles son nuestras posiciones frente a la defensa de la vida, la tierra y los cuerpos de las niñas y mujeres. La escritura como forma de hacer vida en entre escombros. De revivir o reexistir, no desde la nostalgia sino desde una mirada crítica que nos situé a reaprender y mirarnos para volver a rehacer.
  1. Valorar, apropiarnos y discutir las teorías feministas del pasado y del presente, son un hilo de continuidad, es saber y experiencia acumulada, que se olvida, recupera y re- elabora. Es conectarnos con las genealogías feministas que nos brindan mapas e interconexiones. Me impresionó como la conciencia política feminista de Marta se fue formando en la crianza y con los libros de las grandes poetas Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou, Virginia Woolf y Simone de Beauvoir que le regaló su madre. Simone se convirtió en los sesenta en una de sus referentes políticas imprescindibles, al igual que el Che Guevara y sin lugar a dudas a todas esas mujeres que Marta consideraba que habían sido olvidadas.
  1. Los intercambios de saberes entre mujeres para asumir posiciones, fortalecer el proyecto de vida y social. Leer juntas, transmitirse oralmente las ideas, propuestas, metodologías feministas. Marta escribía, conversaba, intercambiaba revistas y textos con sus amigas, compañeras y en el mismo MIR. El tiempo para la autoformación es invaluable. Debemos robárselo al capital.
  1. La maternidad como posibilidad y decisión. Marta narra desde su experiencia cómo se compatibiliza y las tensiones en el hogar de la maternidad, los cuidados, el trabajo doméstico, el trabajo remunerado y la militancia revolucionaria. Hoy todavía es una discusión la maternidad para las militantes feministas. Es un nudo. Aunque me quedo con el ejercicio de proyectar y pensar las maternidades subversivas, de las malas madres y colectivizar la maternidad, en la medida que podamos, para no dejar de ser las mujeres que queremos.
  1. Rescato una de las rebeldías de Marta: la académica. Su experiencia como profesora e investigadora de universidades en Argentina, Chile e Inglaterra, son inspiración para pensar el rol de la pedagogía feministas y antirracistas en la academia, organización y el movimiento de mujeres. Es un deber luchar por los cambios estructurales que necesitamos en los sistemas educativos patriarcales, capitalistas, capacititas y racistas y es una necesidad autoformamos de manera autónoma critica y emancipadora. No solo en la academia y por fuera de las fronteras de aquella.
  1. Investigar nuestra historia y memoria como movimiento y como organizaciones feministas. La investigación no puede ser entendida solo en clave académica, patriarcal y extractivista. La autoetnografía, los mapeos, la cartografía, la oralidad, el textil, los bordados, los murales y hasta el teatro y performance para recuperar nuestro relatos, prácticas, documentos, fotografías, textos e imágenes. La historia y la memoria la podemos escribir nosotras y no solo la figura experta de la historiadora. Estas historias son importantes, porque nos abren camino hacia nuevos futuros posibles.

“Como apunta Joan W. Scott, es central una operación crítica a la hora de abordar las emociones y las memorias en la reconstrucción histórica tanto como en la reinvención de la política feminista, un ejercicio analítico que “utiliza el pasado para interrumpir las certezas del presente y, por lo tanto, abre el camino para imaginar un futuro diferente”.

(Joan W. Scott, 2011, p. 33-34, traducción de Claudia Bacci).

Marta es una feminista, revolucionaria, socialista, académica, escritora, poeta, archivista, militante y fundadora del Frente de Mujeres Revolucionarias del MIR histórico en 1971 en la Universidad de Concepción. Marta merece nuestra admiración por su posición y práctica individual y colectiva. Los feminismos son fundamentalmente prácticas. En su texto podemos conectar las mujeres que la han inspirado y apoyado en lo cotidiano y en lo político, los intelectuales – militantes que ella valoró e impactaron su vida revolucionaria, los militantes del MIR y sus biografías re- escritas desde una visión que ensancha lo político hacia lo afectivo y las lógicas no convencionales.  Siempre de un modo crítico pues nunca dejó de cuestionar al marxismo tradicional y su posición con respecto a las mujeres ni tampoco nunca dejó de mirar críticamente la propuesta estratégica y táctica del MIR Histórico.

Gracias Marta por tejer e hilar en muchos lenguajes tus memorias. Ella no puede entenderse sin otras y otros, por eso, sus textos son fragmentos, su trabajo de recuperar memoria, son ejercicios para romper con la clandestinidad y lo subterráneo. Las memorias subterráneas para Pollak son las memorias que han sido desvalorizadas, desplazadas y dominadas. En el momento en que estas memorias logran transgredir hacia el espacio público dejando su carácter de clandestinidad, se unen a las disputas de memorias. El que estas memorias no sean parte de la hegemonía no quiere decir que no existan, sino más bien están desplazadas al silencio, pero no al olvido. Estos recuerdos, saberes y experiencias generalmente son transmitidos en redes de amistades, familiares y/o intimas guardados en estructuras de comunicación supuestamente “informales” que pueden pasar desapercibidas por la sociedad en general pero nunca más pasarán desapercibidas por el movimiento feminista. Ese es nuestro rol y legado político la lucha por la memoria.

Para finalizar, recupero uno de sus poemas:

“El exilio es ausencia. Pero allá hay tambores, brincan las palomas que se sienten pueblo, otros Ches y muchas Tanias se levantan, Víctor Toro se monta a caballo de una estatua en el Bronx, y en Chile, cuatro hermanos mapuches están en huelga de hambre, y setecientos secundarios están presos, aunque gobierna una mujer que creían iba a hacer herstoria. Y como antes, mientras Los Andes se cubren de un rojo verde oliva se van creando una, dos, cientos, miles de fogatas, que avivan la esperanza. Que la paz llegue como mi abuelo vasco, con un pedazo de pan bajo el brazo, que levanto en alto, porque este verso que les canto es contra la suerte de los mares Cuando llegues, si llegas, lucharás por ser de nuevo alguien. Y en alguna parte te estaré esperando para darte un abrazo”.

Marta Zabaleta, Londres, 2015.

 

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En Ediciones Escaparate

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Créditos: Jeka Jerez