ACERCA DEL MONUMENTO A LA MUJER EN SANTIAGO DE CHILE

No podemos dejar pasar el anuncio de los resultados del I Concurso Monumento en Homenaje a las mujeres de Chile, si no fuera porque da cabida a una serie de confusiones.

Tomando en primer lugar los términos de la Convocatoria y los señalamientos de los/as organizadores/as, auspiciadores y del jurado, vemos que recurre el término “reconocimiento” para nombrar el objetivo de la convocatoria: “reconocimiento de los aportes de las mujeres al desarrollo del país”. Sabido es que las categorías de Redistribución y Reconocimiento forman parte de la teoría feminista sobre la justicia de Nancy Fraser, crítica de la economía política liberal y neoliberal. Pareciera que el concurso está en sintonía con esta corriente de pensamiento y asume sus perspectivas críticas; pero no es así, sólo se las apropia aviesamente para reducirlas a un reconocimiento abstracto que está muy lejos de la propuesta de redistribución económica y reconocimiento cultural de revaloración de lo conceptualizado como femenino y, por tanto, cuestionando profundamente las jerarquías de estatus establecidas por las sociedades patriarcales. El sentido del monumento dice ser corregir la falta de valoración y reconocimiento hacia las mujeres, pero sin cuestionar las condiciones y estructuras concretas que han producido esas injusticias, restringiendo al plano de lo simbólico lo que han sido, sobre todo, estructuras de poder político y económico (que de ningún modo se superan con un monumento). 

Por otra parte, se afirma que tanto el concurso como la obra seleccionada permiten “visibilizar” ese “valioso aporte de las mujeres al desarrollo de nuestro país y mostrar su amplia diversidad”. De nuevo acá un desplazamiento terminológico y semántico para nada sutil, dado que el prominente entramado metálico de 13,5 metros de largo, 8,5 metros de ancho y 9,5 metros de altura oculta y distrae la atención de los miles y miles de cuerpos y voces de mujeres diversas de carne y hueso que en los últimos años se han tomado las calles de todo el país, desbordándolas con sus reclamos de justicia y la exigencia de ¡alto! a la violencia heteropatriarcal de todo tipo. 

¿No acaba siendo este monumento una forma de negar esa presencia concreta y ejercer sobre millones de chilenas una violencia simbólica inusitada, que se ensaña además consagrando el más burdo estereotipo sexual de lo femenino como vulva castrada peligrosa letal penetrable y útero reproductor? Las palabras de las ganadoras son contundentes: “Es una planta carnívora que atrae y seduce al insecto para llevarlo a su espacio interior. Nos interesó como punto de partida para la construcción de una estructura viva y habitable que seduce e invita al espectador a entrar y visitarla…” (Josefina Guilisasti, El Mercurio). ¿Qué habitabilidad es posible de vuelta entre las rejas de los “valores femeninos” que interesó aquí monumentalizar? 

¿Qué resignificación es posible en una obra que afirma ser “una propuesta que en su diseño acude a una resignificación de los valores asociados a las mujeres (lo interno, lo íntimo, un lugar de refugio), desplegado en un espacio habitable que por su forma recibe, pero también se protege a sí mismo” (MinmujeryEG, junio 24, 2021)? ¿Es posible resignificar cuando el aludido monumento, se pretende instalar en el Parque de los Reyes, construido para homenajear a los Reyes de España con ocasión del V Centenario? ¿No son suficientes todas aquellas violencias, para ocupar además un espacio que recuerda la violencia sexual sufrida por nuestras ancestras y el despojo de nuestros territorios a manos de los conquistadores españoles?

Concordamos plenamente con las observaciones críticas de Mariairis Flores en su artículo “Por qué no necesitamos un monumento en homenaje a la mujer, ni a las mujeres” (Artishok 29.06.2021). Enfatizamos que aquello por lo que el movimiento de mujeres y feminista ha luchado es una transformación social y política profunda, que no será fácil neutralizar o vaciar de sentido con estrategias de apropiación discursiva tan burdas y poco sutiles. 

No se puede insultar nuestra inteligencia con una manzana envenenada ni con un altar para volver a ofrecernos en sacrificio, negando nuestras historias de resistencias a lo largo de todo el proceso de construcción de una nación que desde sus inicios excluyó a mujeres, trabajadores, pueblos originarios, habitantes rurales y tantas otrxs.

Por último, queremos aclarar otra confusión a que da lugar la principal patrocinadora de este concurso, el Capítulo Chileno del National Museum of Women in the Arts (NMWA). Como Museo de las Mujeres Chile nos vemos en la necesidad y obligación de diferenciarnos públicamente de este Capítulo Chileno del Museo Nacional de la Mujer en las Artes, debido al alcance de nombre con el que se han presentado en redes sociales: “museodelamujerchile”.

Creemos indispensable recalcar que somos una corporación independiente, autogestionada y autofinanciada; además contamos con membresía de la Red Internacional de Museos de Mujeres (IAWM) y una experiencia de trabajo colaborativo con Museos de las Mujeres de América Latina, con quienes hemos participado activamente bajo el nombre de “Museo de las Mujeres Chile” (museodelasmujereschile.cl). 

Nuestra corporación nació con el objetivo de visibilizar la historia de aquellas mujeres que han resistido valientemente las opresiones y violencia del sistema patriarcal, así como las expresiones artísticas que representen los cuerpos y las subjetividades disidentes de aquellos social y genéricamente normalizados.  A raíz de lo anterior, como Museo de las Mujeres Chile, repudiamos tajantemente el uso de un monumento como figura de inclusión y respeto, pues está lejos de representar a las sujetas sociales activas en que nos hemos constituido las mujeres de nuestro país. Hemos trabajado para crear un espacio en el que la voz propia de las mujeres sea escuchada, pues creemos y luchamos para construir una sociedad en que la equidad y la inclusión sean una realidad y, reiteramos, esto no se conseguirá por una estatua, se conseguirá a través de cambios estructurales en las políticas del país. 

Desde Concepción, Región del Bío Bío, seguiremos trabajando en pro del reconocimiento efectivo de las mujeres chilenas, las creatividades y disidencias. 

Museo de las Mujeres Chile

Memorias y rebeldías develadas