Por Luna Magnolia

“Somos parte de un contingente de mujeres que trabajó durante siglos como esclavo, labrando la tierra o en las calles vendiendo o prostituyéndose. ¡Mujeres que no entendían nada cuando las feministas decían que las mujeres debían ganar las calles y trabajar!”

Sueli Carneiro

El feminismo negro latinoamericano y caribeño tiene su desarrollo organizacional y político desde la década de los 80. La feminista descolonial Ochy Curiel manifiesta que “el movimiento de mujeres de negras nace articulando raza, género, clase y sexualidad como categorías políticas para explicar la realidad de las mujeres negras frente al racismo, sexismo, clasismo y heterosexismo” (2005:2). Sin embargo, previo a este movimiento, las mujeres negras y racializadas, siempre han cumplido un rol político fundamental en las luchas anticoloniales y antiesclavistas en distintos períodos históricos en el Caribe y el Abya Yala, lo que no siempre se considera por los feminismos hegemónicos herederos de la tradición de la Ilustración.

En ese sentido, para Betty Ruth Lozano Lerma (2014), es una tarea urgente cuestionar las nociones de “mujeres”, “género” y “patriarcado” que proponen las categorías del pensamiento feminista eurocéntrico occidental, para cambiar nuestra mirada por una que recupere y ponga en el centro los conocimientos, los conceptos propios, contextuales y territorializados de la experiencia de vida, violencia y resistencia que han tenido las mujeres afrolatinas, afrocaribeñas y de la diáspora, superando las visiones paternalistas y reduccionistas que las despojan de sus resistencias, potencialidades, prácticas y saberes. De algún modo, para analizar, comprender y validar su saber y experiencia, es necesario alejarse y desvincularse del “imaginario colonial, desde el cual es Europa la única que produce conocimiento (hegemonía epistémica)”.(Lozano Lerma, 2014:337)

Desde esa postura descolonial, es fundamental que reconozcamos que las mujeres negras desde siempre han desarrollado “un liderazgo ‘natural’ en sus comunidades, como parteras, comadronas, cantadoras, médicas tradicionales. Desde la época de la esclavización ejercieron un cimarronaje de resistencia cultural en las casas de los amos permitiéndose incluso llegar a tener dominio sobre estos a través de su conocimiento espiritual y de las hierbas (Grueso, 2007), por lo que llegaron a ser tildadas de brujas y juzgadas y asesinadas por la Inquisición” (Lozano Lerma, 2014:346). Por tanto, es crucial repensar y resignificar el uso de matrices de conocimiento occidentales en los feminismos, que no permiten evidenciar la simultaneidad de las violencias estructurales racistas, sexistas y de clase, ni tampoco sus construcciones sobre el mundo, agencias y legados.

Aportes

Sueli Carneiro, en su texto “Ennegrecer el feminismo”, afirma que la violación colonial “perpetrada por los señores blancos a mujeres negras e indígenas y la mezcla resultante es el origen de todas las construcciones de nuestra identidad nacional”. Este aspecto fundante de las identidades del Abya Yala, deviene en el reconocimiento de la relevancia de desarrollar análisis y prácticas políticas feministas que posicionen la imbricación de la raza, clase, sexo-género y sexualidad y politicen cómo estos cruces tienen como secuelas formas de explotación y opresión comunes y particulares para las mujeres afrolatinas y afrocaribeñas , pues como lo menciona Lozano Lerma (2014), “para nosotras se impone una perspectiva feminista en la cual el género es una variable teórica más y —tal como afirman Alcoff y Potter—, “no puede ser separada de otros ejes de opresión” y “no es posible un único análisis”.

Por aquello, se suma como aporte, en palabras de Sueli, la necesidad de “derribar el mito de la fragilidad femenina” y construir un movimiento feminista antirracista que se cuestione constantemente tanto en su cotidianidad como en su quehacer político “¿en qué mujeres estamos pensando? Las mujeres negras son parte de un contingente de mujeres que no son reinas de nada, que son retratadas como las anti-musas”. Para esta feminista negra la “oposición de las mujeres negras contra la opresión de género y raza viene diseñando nuevos contornos para la acción política feminista y antirracista, enriqueciendo tanto la discusión racial, como la de género”.

Otro importante aporte que menciona esta autora, guarda relación con la política de ennegrecer al movimiento feminista brasilero, que ha significado, en la práctica, “demarcar e instituir en la agenda del movimiento de mujeres el peso que la cuestión racial tiene en la configuración de las políticas demográficas; en la caracterización de la agresión contra la mujer introduciendo el concepto de violencia racial como un aspecto determinante de las formas de violencia sufridas por la mitad de la población femenina del país que es no blanca; en la incorporación de las enfermedades étnico-raciales o las de mayor incidencia sobre la población negra, fundamentales para la formulación de políticas públicas en el área de salud; o introducir en la crítica a los procesos de selección del mercado de trabajo, el criterio de la buena presencia como un mecanismo que mantiene las desigualdades y los privilegios entre las mujeres blancas y negras”.

Sueli retoma las reflexiones y aportes de otra imprescindible feminista negra; Lélia Gonzalez, quien plantea que la construcción del feminismo blanco en Brasil y el Abya Yala padece de dos dificultades para las mujeres negras “por un lado el sesgo eurocentrista del feminismo brasilero se constituye en un eje articulador más allá de la democracia racial y del ideal de blanqueamiento, al omitir la centralidad de la cuestión de raza en las jerarquías de género y universalizar los valores de una cultura particular (la occidental) al conjunto de las mujeres, sin mediarlos con los procesos de dominación, violencia y explotación que están en la base de la interacción entre blancos y no-blancos. Por otro lado, también revela un distanciamiento de la realidad vivida por la mujer negra al negar “toda una historia de resistencias y de luchas, en las que esa mujer ha sido protagonista gracias a la dinámica de una memoria cultural ancestral (que nada tiene que ver con el eurocentrismo de ese tipo de feminismo)”.

El pensamiento feminista en América Latina y el Caribe, en general, es blanco con base genealógica occidental, por ello, para Betty Lozano Lerma este se ha visto “confrontado por los feminismos negros, indígenas y populares. La elaboración conceptual del patriarcado se ha hecho desde el primer mundo, es una concepción etnocéntrica con la que pretende medirse las relaciones de género en todas las culturas. Género y patriarcado son formas de aproximar al universo conocido (el occidental), las cosmogonías de los otros mundos (indígenas, negros, gitanos, etc.). Habría que redefinir la categoría género, hurtándola del dualismo y haciendo la más flexible y fluida. Esto la hará más útil al estudio de los mundos otros, occidentalizados ya, tal vez, pero en resistencia”. (2014:340)

A su vez, es central tomar en cuenta la problematización que realiza Carneiro con respecto a los feminismos y la particularidad de las mujeres negras en Brasil y América Latina pues, “si el feminismo debe liberar a las mujeres, debe enfrentar todas las formas de opresión”. Desde este punto de vista se podría decir que un feminismo negro, construido en el contexto de sociedades multirraciales, pluriculturales y racistas —como son las sociedades latinoamericanas— tiene como principal eje articulador al racismo y su impacto sobre las relaciones de género dado que él determina la propia jerarquía de género de nuestras sociedades”.

A pesar de esta necesidad de posicionar la experiencia común de las mujeres afrodescendientes con el racismo y sexismo, Ochy Curiel, en su texto “Identidades esencialistas o construcción de identidades políticas. El dilema de las feministas negras”, plantea que la lucha de las mujeres afrodescendientes debe ser la “descolonización que se oponga a la imposición de la autenticidad, de la generalización y la estatificación de la experiencia negra pues para ella rechazar el esencialismo implica reconocer nuestras múltiples experiencias y las diferentes condiciones de vida”. (2005:21)

Sin lugar a dudas, los aportes del feminismo negro en el Caribe y el Abya Yala nos interpelan e invitan a que, de una vez por todas, nos descolonicemos, reconozcamos privilegios y abramos espacios para desaprender y aprender de las “formas de pensamiento tejido en la resistencia, rebeldía y construcción de nuevos mundos de las mujeres negras ubicadas en la posición más baja del orden social, las que son cuerpos colonizados arrojados a la exterioridad del sistema–mundo”. (Lozano Lerma, 2014:336)

Agradecimiento a la profesora Astrid Yulieth Cuero-Montenegro, feminista antirracista afrocolombiana pues, en su curso sobre genealogías de los feminismos negros, pude leer a estas maravillosas teóricas y activistas.

Imagen: afrofeminas.com

Referencias

  • Carneiro, Sueli. (2001). Ennegrecer al Feminismo. Ponencia presentada en el seminario. La situación de la Mujer negra en América Latina, desde una perspectiva de género.
  • Curiel, Ochy. (2005). Identidades esencialistas o construcción de identidades políticas. El dilema de las Feministas Negras. En Ginetta E. B Candelario (comp.), Miradas desencadenantes. Los estudios de género en la República Dominicana al inicio del tercer milenio. Santo Domingo: INTEC.
  • Lozano Lerma, Betty Ruth. (2014). El feminismo no puede ser uno porque las mujeres somos diversas. Aportes a un feminismo negro decolonial desde la experiencia de las mujeres negras en el Pacífico colombiano. En K. Ochoa, Y. Espinosa, D. Gómez, & K. Ochoa (Ed.), Tejiendo de otro modo: Feminismo, epistemología y apuestas descoloniales en Abya Yala. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.