ANTICOAGULANTE

Guisela Parra

Creo que voy a tener que empezar a ingerir mucha acelga y hojas verdes; mientras más verdes, mejor. Lo digo porque recuerdo que cuando a mi mamá le recetaron anticoagulante le prohibieron consumir esos alimentos para que no anularan el efecto. Entonces mi razonamiento es el siguiente: si yo sangro y sangro y no dejo de sangrar, o a veces la hemorragia sí se detiene, pero vuelve a la primera de cambio, es porque, sin darme cuenta, me he tomado algún tipo de anticoagulante. Es más, a veces da la impresión de que alguien me estuviera dando maliciosamente una dosis diaria, o tal vez más de una.

Digo maliciosamente, porque es una especie de veneno escondido y amargo que me trago cuando menos lo espero. Y cuando siento el sabor en la lengua y me doy cuenta, ya es tarde: lo deglutí. Lo curioso es que este anticoagulante no es de amplio espectro: es específico, como la penicilina. Me refiero a que, a pesar de que a esta edad una suele perder el equilibrio o tropezarse y los porrazos son frecuentes, no he presentado nunca problemas de cicatrización en otras partes del cuerpo: ni en las rodillas ni los codos ni la nariz; tampoco en los ojos ni en los pies. A veces los pies se me cansan, a veces la nariz se me llena de mocos y los ojos de lágrimas, o la lengua se me retrotrae y me quedo muda. Incluso ha habido épocas en que mis rodillas se han gastado de tanto arrastrarme a pedir perdón. Pero dificultad de cicatrización no hay.

Sólo me sangran el útero y las dos tetas.

He sabido que la primera medida antes de operar a una persona que tome anticoagulante es suspenderlo, porque puede ser muy riesgosa la cirugía bajo el efecto de un fármaco de ese tipo: el paciente ─la paciente─ podría morir desangrado ─desangrada─. Entonces prosigue mi razonamiento: no sé de dónde viene ni en qué momento me trago el veneno; no sé quién me está obligando a tomarlo, aunque sospecho por qué; no tengo médico de cabecera ni cirujano que me prescriba bajar la dosis o suspenderla. No me queda más que usar el único antídoto que conozco: acelga y hojas verdes, mientras más verdes, mejor.

Y creo que, dada la sintomatología y la urgencia de la operación, lo mejor que puedo hacer es meterme diariamente una mata entera de acelga por vía vaginal y forrarme las tetas con espinaca. Quizá podría agregar hojas de matico: dicen que ayuda a la cicatrización.